Prólogo

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Estaba oscuro. Muy oscuro.
No sabía cuánto tiempo llevaba ahí, o donde estaba.
Solo sabía que cada vez que aquella puerta de colores cafés se abría, entraba el responsable de su estado no siempre con mejores intenciones.
Sobrevivir ahí era complicado, principalmente porque él no comía nada.
Decía que no comería algo hecho por él.
Sería humillarse a si mismo.
Pero ese día sería diferente, porque cuando él entró, algo le decía que ese día sería diferente.
Fue cuando sus frías manos lo encerraron en la sucia pared de la estrecha habitación y colocaban aquella soga en sus muñecas.
Lo peor era que no podía hacer nada. Estaba débil. No comía y tomaba muy poca agua desde hace ¿días, meses, años? La verdad no importaba, pero no era capaz de defenderse.
Sintió los labios del contrario en los suyos. Eso le parecía asqueroso y repugnante, pero había una pizca de amor, no podía odiarlo tanto, cómo podrías odiar a alguien que en verdad quieres independientemente de la situación? Que siempre ha estado para ti? Que es el único que te entiende? Alguien que de verdad amabas con el corazón? No le quitaba todo lo malo a la situación pero no podía hacer nada para defenderse.
Sintió que lo amarraba a una silla mientras le susurraba cosas al oído. Fue cuando entendió la situación.

"Serás mío tanto en el cielo como en la tierra"

Dijo y sintió el metal de la hoja entrar en su cuerpo y la sangre gotear.
Perdía la visión con rapidez. Dejó de escuchar y cayó en el suelo intentando detener la hemorragia.
Fue cuando vió como aquel arma que hace muy poco había ingresado a su corazón caía de la mano del otro para que luego este cayera.

"Nos vemos, precioso."

Tosió algo de sangre y sus ojos se dejaron de mover.
Y fue así que como vivieron juntos toda una vida, sus vidas acabaron al mismo tiempo.
...

Tanto en el cielo como en la tierraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora