-Drake PVO-
Abrí el ojo derecho con pereza, viendo como la molesta luz de la mañana entraba por la ventana de mi habitación. Gruñí por lo bajo y me dí media vuelta para quedar enfrentado a una chica rubia totalmente desconocida para mí, la cual dormía plácidamente abrazada a mi almohada. Rodé los ojos irónico a la vez que me levantaba sintiendo los efectos del alcohol en mi organismo de la noche anterior. ¿Qué cojones había pasado anoche?
Me froté los ojos con la palma de la mano, poniéndome una camiseta de tirantas por el camino hacia la cocina. Allí me encontré una nota de Nate sobre la encimera, me tomé mi tiempo para leerla ya que si fuera importante me habría llamado o me habría despertado. La persona que tenía como mejor amigo era muy opuesto a mí, demasiado diría yo y había veces en las que me preguntaba por qué había aceptado tenerlo como amigo. Él era muy cariñoso y empalagoso con su novia, aunque esa chica no se quedaba atrás joder, me repugnaba verlos juntos cuando se comían la boca en público. ¿De verdad era necesario aquella muestra de... cariño? Si se podía llamar así, claro. Yo era todo lo contrario, no me gustaban las relaciones y nunca me gustarán. A mi parecer, enamorarse era como condicionarte la vida. Te atas a una persona de por vida, renunciando a los sueños por los que llevas luchando desde que eres pequeño simplemente por hacer feliz a la persona que tienes como acompañante. ¿Qué pasa con la felicidad propia?
Negué con la cabeza mientras agarraba una botella de zumo y me la llevaba a los labios leyendo la nota que el estúpido de mi mejor amigo me había dejado como recado. A mí.
"Duermo en casa de Isabelle, anoche no te vi antes de irme por lo que supongo que llegarías más tarde acompañado. Mañana por la mañana te espero en casa de mi novia para ir al gimnasio a entrenar, pasa a recogerme en coche para luego ir a hacer la compra, ya sabes que aún siendo dos tíos en casa, la comida se gasta igualmente. Nos vemos mañana, drakiness."
Leí la nota un par de veces, alzando las cejas algo incrédulo. La agarré entre mis dedos y la rompí antes de tirarla al cubo de la basura. Miré el reloj pasando mi mano por el pelo con la esperanza de peinarlo sin mucho éxito, oyendo unos pasos bajando por las escaleras. Me senté en la encimera con la botella de zumo al lado, metiéndome en la boca una magdalena de chocolate. Era cierto, necesitábamos ir a comprar comida, ya únicamente quedaba lo que a ninguno de los dos nos gustaba. Ese tipo de cosas que ves, te llaman la atención, las compras y luego las dejas al final del armario. No iba a aceptar que me gustaba ir a comprar, por que mentiría, eso no era para mí y a Nate le encantaba ponerse a hablar en la cola de la caja mientras esperaba para pagar.
- Buenos días, cariño - Susurró una voz adormilada a mi lado.
Me giré para observar a la chica con los ojos entrecerrados, observando su rostro. El maquillaje de la pasada noche lo tenía corrido por los ojos y tenía un moño totalmente despeinado en lo alto de su cabeza. Torcí el gesto ante tal vista y me bajé de un salto de mi lugar para desayunar.
- Lo serán para ti, por que para mi, no lo son - Dije irónicamente, rodando los ojos por la imagen que acababa de ver recién levantado.
- ¿Por qué dices eso, cielo?
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda al escuchar la pregunta jodidamente pastelosa que salió de sus labios. Me giré hacia ella y la miré unos segundos antes de avanzar hacia el pasillo pasando por su lado.
- Tienes media hora para desayunar lo que te de la gana, vestirte y salir de mi casa.
- ¿Qué? ¿Por qué, Andrew?
- Ah, y no me llames nunca - Añadí apretando la mandíbula al oír como me llamaba.
Debería de empezar a buscarme unos ligues menos tontos, por que a este paso me contagiarán algo de su estupidez y no soy partidario de ello. Subí por las escaleras hacia mi habitación, quitándome la camiseta por el camino. Me miré al espejo el torso desnudo completamente tatuado y musculado. ¿Quién no caería ante mis encantos? Sonreí de medio lado, provocando que la cruz tatuado al lado de mi ojo se desplazara levemente hacia arriba. Abrí el armario y agarré la primera camiseta que encontré para después pasarla por mis hombros. Me puse los pantalones de chándal negros y me até los cordones de las deportivas con rapidez antes de dar varios saltos para comprobar la dureza de los nudos. Metí el Iphone en el bolsillo trasero del pantalón mientras alcanzaba las llaves del coche de la mesita de noche.
YOU ARE READING
Still Dancing with the Demons
Romansa¿Cómo?, ¿Cuándo? y ¿Por qué? son demasiadas preguntas para hacerle al destino. Un destino, tres historias y un final. Existen sueños de los que no quisiéramos despertar y realidades que quisiéramos que fueran solo un sueño. Y es cierto, siempre hace...
