El grito desgarrador retumbo dentro de las paredes de piedra. Sujete la mano de la joven mujer que se encontraba luchando por traer al mundo una nueva vida. Sin soltarle, tome una pequeña toalla empapada con agua fría para posarla en sus labios resecos. Ella sorbio un poco antes de que otra contracción la hiciera gritar con fuerza. Tanto en mi vida actual o la del otro universo —era un poco difícil definir el espacio tiempo— la sangre no me resultaba desconocida. Rara vez me asustada como en este preciso momento.
—La Princesa Elia está muy débil —murmuro el Maestre Ergel a mis espaldas, el tono lúgubre no pasó desapercibido para nadie—. El Príncipe Rhaegar debe ser informado, él ha de decir a quien debemos salvar.
—La princesa estará bien, ella es fuerte —respondí sin apartar mi mirada de los ojos negros brillantes llenos exceptivas maternales. Ningun rasto de miedo, solo amor por el hijo en su vientre. Gruñí internamente ante las crueles palabras del anciano—. Maestre Ergel deje que me haga cargo, he ayudado a otras mujeres antes.
Mientras viajaba desde el austero y helado Norte me vi involucrada en muchas actividades que me permitieran obtener un poco de pan, leche o techo. Atender mujeres en el parto era una de las cosas que menos me agradaban. La imagen sangrienta y adolorida era difícil de olvidar. A veces, por la noche alcanzaba a escuchar los gritos fatigados en mis sueños. Me negué a atender partos cuando el trasero se me dejo de congelar en los campos fértiles de Forca Verde.
Hasta ahora.
Los Dioses sean misericordiosos y nunca más me vea obligada a comer peces mal cocidos por semanas enteras. El recuerdo tuvo el infortunio de revolverme el estómago, el olor a hierro flotando dentro de la habitación solo empeoro mi estado. "Olvídalo, es solo sangre" me reprendí concentrándome nuevamente en lo que estoy haciendo. Si <Madre> me viera tan lenta sin duda me amonestaría.
—Si la Princesa Elia en compañia del heredero mueren toda la culpa recaerá en usted. —se excusó, pero no hizo el intento por detenerme.
Era obvio que estaba tan preocupado como todos, pero también era un asustado Maestre al que se le acaban las opciones. No iba a permitir que le rajara la barriga condenándola a una muerte segura. Aquello era una costumbre inhumana que había descubierto de mala manera. Una sola vez fue suficiente para hacerme agradecer por la madre que grita y él bebe que llora, al mismo tiempo de preferencia. Significaba vida, para ambos.
Maldije mi suerte cuando escuché el sollozo de la hermosa mujer que yacía en la cama rodeada sus propios líquidos corporales. Ordene a las demás mujeres que estuvieran listas con el material que previamente había preparado. Solté la mano fragil de su alteza. Hubo un débil temblor en mi mano, como si inconscientemente mi cuerpo se negara a dañarla. "Se desangra" grite internamente, un término que siempre me dejaba tensa.
—Mi princesa, disculpe por lo que hare —exclame en un momento de silencio, tome una pequeña daga, iba a cortarle de forma que él bebe pudiera salir de ella—. Perdóneme.
—¿Qué haces, bruja? —pregunto el Maestre observando mis movimientos.
—Les salvo la vida. — decrete con dureza.
Me coloque de forma que podía ver la cabeza del producto intentando salir. Tome una bocanada de aire mientras ponía una mano sujetando la cabecita. Pase la daga sobre el fuego de una vela cercana y rápidamente realice un corte que iba desde el tejido vaginal en dirección diagonal. El grito de la mujer fue aturdidor, reflejando la falta de misericordia de mi actuar.
—Puje, Princesa. —grite mientras conducía la cabeza del bebe fuera, eran segundos cargados de incertidumbre.
Con sus últimas fuerzas ella hizo lo que pedí. El alivio me recorrió cuando la beba salió completamente. Pronto el llanto infantil se dejó escucho por toda la habitación. El ruido era todo menos molesto, eso vendría en unos días cuando desvelara a la mitad de la gente dentro de la Fortaleza Roja. Por ahora todo era felicidad y alegria. Era una niña pequeña, frágil e inocente; que algún día sería una hermosa mujer, sin duda. Corte el cordón umbilical acostumbrada al tejido húmedo entre mis dedos. Miré directamente a la nueva pequeña princesita, sonreía con los ojitos cerrado. Una de las damas de compañía se la llevo para limpiarle.
KAMU SEDANG MEMBACA
Fatalidad
Fiksi PenggemarConvertirse en el tipico cliche de reencarnacion en otro mundo era algo que Amelie no deseaba ni queria, pero ero lo que habia obtenido. Dentro del mundo de Cancion de Hielo y Fuego no tenia mas opcion que sobrevivir adaptandose a las nuevas reglas...
