La Chica en la Ventana Azul

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Suele asomarse en cada apagón. Apagones frecuentes en las noches calientes de verano.

Esas noches ella canta entre susurros, habla sola, o simplemente juega con su cabello mientras mira el cielo.

La mayoría de las noches parece llorar en silencio, con sus manos que rosan repetidas veces su rostro; en momentos es evidente, hablándose así misma con voz quebrada.

No soy notorio a sus ojos, pero preferiría que no me notara.

Hay días que la veo limpiar los bordes de su ventana, son días inciertos.

A veces su ventana está abierta; la mayoría de veces la cubre su cortina. Puedo escuchar sus discusiones, sus "Te quiero" o los días donde simplemente la veo usar su teléfono.

Una mañana la vi pasar a caminar con un chico a su lado; ambos me dijeron "buenos días", y respondí de igual manera por cortesía. Sin embargo, no suele salir de su alto hogar.

Una tarde, tomando aire en el techo, noté a una chica en el techo vecino mirar un punto fijo. Esa noche invité a algunos amigos a beber allá arriba. Miré en el edificio vecino, y seguía la misma chica que vi en la tarde, pero esta vez acompañada con la desconocida de la ventana, ambas mirando aún el mismo lugar... ¿Qué estarán viendo? ¿De qué hablaran?

Como una de las noches indeseables, hizo presencia uno de los tantos apagones... No me moví de mi escritorio, abrí un poco la ventana y esperé; sin decepcionarme llegó la joven, empezando a quejarse del calor con alguien,¿quien sera?, tal vez... ¿Sus padres? ¿Hermanos? ¿Amigas?... No lo sé. No duermo bien las noches sin luz. Escucharla entre silencios es un espectáculo para mí, pero ¿qué clase de gracia encuentro en el espectáculo de la doncella de la ventana?

Sin mala intención de ser testigo de sus oraciones murmurantes... Suelo ver el gesto de sus manos unidas y sus ojos al cielo, repitiendo la misma pregunta: «¿Qué tan lejos me dejarás llegar?» ...

Las noches que hay luz, su ventana se llena de luces azules y otras las cambia a moradas.

De las escasas veces que camina al atardecer, me gustaría acercarme, y compartir más que un alejado ̈buenas tardes ̈, pero elijo dejar que las cosas fluyan en ella, como las últimas noches que sin decir nada solo se durmió en su ventana.

Esto no es más que un hábito pasajero: los apagones dejarán de ser frecuentes, ella dejara de asomarse, y así como las noches calurosas se irán, sus lágrimas igual.

Es extraño para mi ser el testigo de sus noches más íntimas.



































..."Sería lindo sentarme en esta ventana algún día, pero me asusta caerme"...

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