Él era el sol, yo la luna.
Juntos creamos el más bello eclipse.
Al encontrarnos todo era posible, al separarnos la oscuridad dejó de esconder lo que era imposible de ocultar.
Siguió alejándose al igual que yo y el eclipse pareció durar poco, tan débil, que nadie se percató de él.
Él era el sol, yo la luna y juntos formamos el más bello eclipse.
Aunque fue tan efímero, lo hicimos posible.
