Prólogo

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Así comenzó todo.

«— ¡Hermana querida de mi alma! Sí, como has leído; he dicho hermana. No prima, ni tía, ni amada, ni comadre, ni abuela, ni camarada. Sí, ya sé lo que vas a decir; recibir esta carta debe ser para ti, muy posiblemente, y aclaro que son suposiciones mías, de lo más extraño. Además, es cien por ciento seguro que tú no te acuerdes de mí pero ¿adivina qué? yo sí me acuerdo de ti aunque la única vez que nos vimos cara a cara fue cuando teníamos seis meses de nacidos. Y con decirte que yo no me acuerdo ni de lo que comí ayer... Pero, detalles, detalles… »

Lo importante aquí es que tú eres mi hermana gemela, abandonada en la puerta de un orfanato en un día lluvioso, cuando eras apenas una bebé. Y lo mantuvieron  en secreto para evitar las malas lenguas, tú  sabes cómo es todo.
¿Qué cómo es eso? Te preguntarás ¿Cómo que eres mi hermana melliza pero como fuiste abandonada y tal, desconocías tus verdaderos orígenes? Y yo te respondo: Ni idea, hermana. Pregúntales a nuestros padres algún día que te los encuentres. ¡Ellos hacen cada cosa!

Pero cuéntame de tu vida ¿Cuánto tiempo ha sido? ¿Cómo has estado? ¿Qué hay de nuevo? Espera ¡No! ¡No, no y no! ¡No me respondas todavía! Déjame que te cuente mi triste historia primero, anda, no seas mala. ¿Por dónde comienzo?

Supongo que por el principio, claro está.

Temo decir que tú querido y adorado hermano que por cierto no conoces, no está pasando su mejor momento. Sí, soy terriblemente guapo y popular, pero no me va muy bien en la vida; ¿qué quieres que te diga? son cosas que pasan. Cómo supongo que sabrás gracias a que aquí los chismes se esparcen como pólvora, el Rey se nos fue al cielo. Muy triste. Hasta ahí, todo normal. Lo malo del asunto es que tuvo que morirse justo cuando yo he llegado a la edad de la dichosa Prueba y, como he temido desde que andaba en pañales, nuestros padres han perdido la poca cordura que les quedaba. Si es que la tuvieron alguna vez. Yo qué voy a saber.

Madre se ha echado a llorar apenas la carta llegó a mis manos. Corrección, a las de mi padre, pues no me dieron la oportunidad de leerla por mí mismo así que no estoy muy seguro de su contenido pero me puedo hacer una idea tampoco soy tan idiota.

Lo que sea que estaba escrito allí causó tal grado de impacto en nuestra madre que luego de leerla y leerla y volverla a leer una y otra y otra vez, se paró, subió escaleras arriba hasta mi habitación y entre lágrimas y risas de loca demente ¡empacó toda mi ropa! Incluidos mis calzoncillos ¡y encima de eso quemó MIS PRECIADOS MANGAS!

¡MIS PRECIOSOS MANGAS! ¡MI HEN***!
Tose, tose.

Padre no se lo tomó mucho mejor. Está tan convencido de que me convertiré en el próximo gobernante que no tuvo reparos en hacérselo saber a todos sus “amigos” (te lo pongo entre comillas para que sepas que no son en realidad sus amigos, tontita. Tu hermano siempre tan considerado), con el fin de presumir ante todo el que tuviera oídos (y los que no, también. Nuestro padre es un cabrón muy considerado también) que su “hijo unigénito” fue seleccionado como candidato para convertirse en el próximo Rey de G. F. Así le digo de cariño.

Era la primera vez que nuestro padre me miraba con unos ojos diferentes a los de cuando lo vomité encima o me tiré un gas, entre muchas otras decepciones que le he causado, son unos ojos que parecen decir: Eres la única esperanza de la humanidad y tal. Me dio mucho miedo. No es broma; poco no me faltó para salir corriendo pero como soy un macho muy macho, me aguanté porque se hubiera visto muy gracioso.

Osea incluso hace la pose del padre de Shinji Ikari. Sí esa de apoyar los codos sobre la mesa y su barbilla sobre sus manos y se me queda mirando todo alto rato. Me hace temer por mi hermosa vida.

El prometido Rey de la pelea (RayxEmma)Stories to obsess over. Discover now