Metamorfosis!

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La luna llena se alzaba sobre la ciudad, arrojando su luz pálida sobre las calles empedradas. En la penumbra, un grupo de vampiros merodeaba, en busca de su próxima presa. Habían sido atraídos por los rumores de un joven que vagaba por las noches, un ser inusual cuyos pasos resonaban con una extraña resonancia en sus sentidos.
Marcus, el líder del clan, alzó una mano para detener a sus compañeros. Desde el tejado donde se encontraban, vislumbraron una figura solitaria caminando por una calle desierta. Sus movimientos eran lentos, casi deliberados, como si estuviera disfrutando de la quietud nocturna. Sus cabellos oscuros caían desordenados sobre su frente, y sus ojos, aunque distantes, parecían estar vigilando cada sombra.

—Ese es —susurró Marcus, y sin más palabras, los vampiros se deslizaron silenciosamente hacia el callejón, siguiendo al joven con la intención de cazarlo.

El chico, cuyo nombre era Adrián, no parecía tener miedo. De hecho, cuando giró la cabeza para mirar en dirección a sus perseguidores, una ligera sonrisa curvó sus labios. No intentó huir, sino que continuó caminando, adentrándose en los laberintos oscuros de la ciudad. Los vampiros, confiados en su superioridad, comenzaron a rodearlo, acercándose con la cautela de depredadores experimentados. Pero algo en la actitud de Adrián los inquietaba. Había en él una calma sobrenatural, una serenidad que no encajaba con la desesperación usual de las víctimas humanas.
Cuando finalmente lo acorralaron en un callejón sin salida, Marcus avanzó primero, con una sonrisa de satisfacción. Pero antes de que pudiera hablar, Adrián alzó una mano, deteniéndolo con un gesto.

—Sé lo que sois —dijo Adrián con voz suave—. Y también sé por qué me habéis seguido. ¿Estáis seguros de que queréis hacer esto?

La pregunta desconcertó a los vampiros, pero Marcus no estaba dispuesto a dejarse intimidar. Se abalanzó sobre el chico, dispuesto a acabar con él. Sin embargo, en el último instante, Adrián se movió con una velocidad inhumana, esquivando el ataque y apareciendo detrás de Marcus.

—Advertí que no sabéis con quién os habéis metido —susurró Adrián, y con un movimiento fluido, mordió a Marcus en el cuello.

El líder del clan sintió un dolor agudo, seguido de una extraña sensación de debilidad. Sus compañeros, viendo la escena, se lanzaron en un intento desesperado por salvar a su líder, pero fueron detenidos por una fuerza invisible. Adrián, con ojos ahora brillantes de un rojo intenso, dejó caer el cuerpo inerte de Marcus y se volvió hacia los otros.

—No quiero pelear con vosotros —dijo Adrián—. Solo quiero vivir en paz.

Pero los vampiros, enfurecidos, no escucharon. Uno tras otro, intentaron atacar, y uno tras otro cayeron ante la habilidad y fuerza superior de Adrián. Lo que debía haber sido una caza fácil se transformó en una noche de horror para el clan.Finalmente, cuando solo quedaba uno en pie, Adrián se acercó lentamente. En lugar de atacar, extendió una mano.

—Uniros a mí —propuso—. Juntos, podemos ser más fuertes. No busco enemigos, sino aliados.

El vampiro, temblando, miró a Adrián con una mezcla de miedo y admiración. Asintió lentamente, comprendiendo que este joven era más que un simple humano transformado. Era un líder, alguien que podía llevarlos a una nueva era. Así, aquella noche, el clan que había salido a cazar se encontró con su propio destino cambiado. Adrián, ahora convertido en uno de los más poderosos, lideraría a los vampiros hacia una nueva existencia, forjando un futuro donde la caza no sería más su único propósito, sino la supervivencia y el poder compartido pero sin saber que sus planes serían arruinados.....

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