Capítulo 1

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Han pasado cuatro años desde el estallido de la Tercera Guerra Mundial, la cual en cuestión de días hizo desaparecer la sociedad tal y como la conocíamos. Todas las mañanas me despierto recordando cómo era la vida antes de que todo se desmoronara.

Aún visualizo claramente la última vez que sentí normalidad. Era un día soleado en Madrid. La gente iba y venía, ocupada en sus propias vidas, ajena a la tormenta que se avecinaba. Aunque ya había indicios de que las cosas a nivel nacional no estaban bien, nadie se esperaba que se desencadenase un conflicto tan grande como para acabar con tantas vidas.

Dani y yo estábamos en una cafetería, riendo y soñando con nuestros planes de vida. Él estaba en el ejército y en unos meses iba a casarse con Bea, su futura mujer. Yo trabajaba en un laboratorio farmacéutico, aunque realmente con lo que soñaba era con ser escritor. Ahora, esos sueños parecen muy lejanos, como si de otra vida se tratase.

Las noticias empezaron a llegar de a poco, a cuentagotas. Toda información se planteaba como simples rumores. En la televisión solo daban noticia de una pequeña parte de todo lo que realmente estaba pasando. Países entrando en conflicto, tensiones políticas elevándose, amenazas de bombas, armas nucleares... 

Nos decíamos que todo se resolvería, que siempre decían lo mismo y al final nunca pasaba nada. Pero estábamos equivocados. Muy equivocados.

Cuando la guerra finalmente estalló, fue como un rugido ensordecedor que destruyó todo a su paso. Las sirenas y las alarmas que alertaban del peligro, los bombardeos, la gente corriendo y gritando, desorientada, horrorizada y sin saber qué hacer. Las ciudades se convirtieron en zonas de guerra en cuestión de días. Recuerdo a Dani agarrándome del brazo y echando a correr, sin saber realmente a dónde íbamos. Solo sabíamos que teníamos que huir de la ciudad y sobrevivir.

El caos inicial fue devastador. Perder a nuestra familia y amigos fue lo más duro. No hubo tiempo para despedidas ni funerales. Cuando quisimos reunirnos con ellos, la zona ya estaba desalojada y en ruinas. Solo nos queda el recuerdo, el vacío y una incertidumbre que nunca nos abandonará. La vida se convirtió en una serie de decisiones rápidas y desesperadas, siempre buscando un lugar seguro, siempre tratando de evitar estar en medio del siguiente ataque.

Nos unimos a un grupo militar, pensando que allí estaríamos seguros. Al principio, fue un alivio tener comida y un techo sobre nuestras cabezas, pero rápidamente nos dimos cuenta de que nuestra libertad se había evaporado. La dictadura en la que nos vimos atrapados era opresiva, controladora. No había lugar para la disidencia, solo obediencia absoluta.

A pesar de la relativa seguridad, la vida bajo el grupo es sofocante. Las reglas son estrictas y las penas severas. Cualquier intento de cuestionar la autoridad es castigado duramente. Dani y yo, a pesar de la sensación de protección, comenzamos a sentirnos prisioneros. Nos acostumbramos a la rutina, pero siempre con una sensación de desasosiego, de estar atrapados y siendo supervisados todo el tiempo.

Hace unas semanas, escuchamos un rumor que nos dio un atisbo de esperanza. Unos comerciantes errantes hablaron a algunos de los residentes de una comunidad en la otra punta del país que está construyendo un refugio para personas que buscan restablecer de nuevo una vida de libertad y cooperación. Levantar una ciudad en ruinas. Reconstruir la sociedad desde cero. La idea de un lugar así, una nueva comunidad donde podríamos ser libres se nos instaló en la cabeza de inmediato.

Dani y yo discutimos la posibilidad de dejar este lugar. Sabemos que es un riesgo enorme, pero la promesa de un futuro mejor es una tentación demasiado grande para ignorar. Hemos pasado las últimas noches planificando, susurrando en la oscuridad, evaluando nuestros suministros y estudiando viejos mapas y comprobando las posibles rutas que debemos seguir.

Hoy, finalmente, hemos tomado la decisión. Nos vamos. No sabemos exactamente qué nos espera ahí afuera, pero estamos decididos a buscar ese lugar del que los rumores hablan. Mientras preparo mi mochila para cuando escapemos, miro a Dani y veo en sus ojos la misma mezcla de miedo y esperanza que se ha agarrado a mi pecho en los últimos días.

—¿De verdad crees que realmente existe un lugar así? —pregunto a Dani, rompiendo el silencio. Veo que sus manos tiemblan ligeramente mientras cierra su propia mochila.

—Quiero creer en ello primo. De lo que sí estoy seguro es de que no quiero seguir viviendo así. Necesitamos algo más, algo mejor —responde, tratando de sonar más convincente de lo que me siento.

—¿Y si es solo un rumor más? ¿Y si estamos dejando nuestra única oportunidad de estar a salvo para ponernos en riesgo por algo que no existe? —dudo, con voz baja y cargada de miedo e inseguridad.

—No lo sabremos hasta que no lo veamos por nosotros mismos. Pero lo que está claro es que, si no lo intentamos, nunca lo sabremos. Sinceramente, prefiero morir intentando buscar una vida mejor que seguir siendo esclavo de los abusones de los militares—dice, apretando su hombro en un gesto de apoyo.

Sé que a Dani le duele pronunciar esas últimas palabras. Al fin y al cabo, él fue militar y es gracias a eso por lo que hemos estado a salvo, a pesar de las condiciones a las que estamos sometidos. Cuando vio cómo trataban a los civiles se reveló y se negó a ser parte de esto. Yo le convencí de quedarnos, pues era la única opción segura que teníamos de sobrevivir a la guerra, pero sus altos cargos y compañeros ya no se fiaban de él. Con el tiempo, terminó siendo un ciudadano más bajo la protección de la fuerza militar de la que él había sido parte.

Asiento lentamente, buscando sus ojos con los míos. —Tienes razón. No podemos seguir así. Ya va siendo hora de que escapemos de este sitio.

—Sí —contesta él, haciéndome sentir una oleada de determinación.

Guardo la mochila bajo la cama. Echo un último vistazo a la que ha sido nuestra habitación estos años. Aún hay que planear como vamos a escapar de aquí, pero está más que decidido. Nos vamos de este lugar.

Lo que queda de nosotros [EN PROCESO]Stories to obsess over. Discover now