El sol se alzaba sobre el horizonte mientras el viento marino acariciaba mi rostro. Mis ojos estaban llenos de asombro y emoción al contemplar por primera vez el pintoresco pueblo de Bahía Serena, nuestro nuevo hogar. La brisa salada me envolvía, trayendo consigo un aire de misterio y secretos por descubrir.
Mientras mi madre conducía por las carreteras asfaltadas, las casitas de colores pastel y los jardines rebosantes de flores me daban la bienvenida. Era un lugar encantador, aparentemente tranquilo y sereno. Un lugar pequeño y agradable, capaz de albergar grandes historias y aventuras.
Aquel era mi nuevo hogar, y aunque no me gustara la idea, tenía que aceptarlo.
Y no me gustaba la idea.
No me gustaba nada.
Pero no podía.
Mi madre.
Ella.
Y de repente el coche dio un potente frenazo que casi hizo que saliéramos volando. Delante de nosotras había una mujer.
-No puede ser.
Tanto mi madre como yo bajamos del coche, con el susto aun presente.
-¡Pero si es mi sobrinita favorita!
-¡Tía Clara!
-Eso es, ¡ven a darle un abrazo a tu tía Clara!
Mi madre empezó a bajar las maletas del coche mientras yo me abrazaba alegremente con aquella mujer. Se llamaba Clara, y era la hermana de mi padre, por lo que aquello le convertía en mi tía. La única tía que tenía, pues mi madre no tuvo hermanas.
-Cuanto tiempo, has crecido un montón- me dijo con una melodiosa voz-. La última vez que te vi aún eras incapaz de andar solita.
-De eso ya hace mucho tiempo tía.
-Demasiado, ¿cuántos años dices que tienes?
-18.
-¡¿18?! Cielo Santo qué mayor. Ya estás hecha toda una mujer.
-No lo creas, aún sigue siendo una niña, pero solo cuando quiere- dijo ahora mi madre mientras seguía cogiendo maletas de nuestro vehículo-. Y no me vendría nada mal una ayudita chicas.
Clara era una mujer un poco más joven que mi madre. 7 años más joven. Una chica de aspecto sereno, muy elegante, y con una voz que parecía que cantaba. Transmitía una presencia de calma y tranquilidad, siempre con una sonrisa cálida en su rostro.
Cuando ya estuvieron todas las maletas fuera del coche, Clara procedió a abrir las puertas de la casa que se alzaba delante de nosotras.
-Lleva mucho tiempo cerrada, tendrá mucho polvo, debí haberla limpiado cuando me dijisteis que vendríais.
-No sabíamos si vendríamos. Fue una decisión muy espontanea.
-Ya, lo entiendo- Clara metió la llave por la pequeña cerradura y, cuando dio un leve giro seguido de un infame sonido, la puerta se abrió-. Genial, entrad por favor.
La vivienda era una enorme casa de campo, rodeada de naturaleza y situada en las afueras del pueblo, cerca de las colinas. Con dos pisos, una fachada rústica y un jardín amplio. Una casa demasiado grande. Demasiado grande para dos personas.
Su interior era oscuro y olía bastante fuerte, tal vez porque llevaba años cerrada o tal vez porque los recuerdos que habitaban en aquella casa se habían podrido.
Cómo nos había comentado Clara, había polvo, mucho polvo. Tuve que ponerme las manos en la nariz para evitar estornudar a cada paso que daba.
-Voy a abrir las ventanas. ¡Que entre un poco de luz en esta casa!
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BAHÍA SERENA
Misterio / SuspensoEn un tranquilo y pintoresco pueblo llamado Bahía Serena se alza un majestuoso faro que ha sido testigo de innumerables historias a lo largo de los años. Sin embargo, detrás de la fachada idílica de este lugar, se esconden secretos oscuros que cada...
