Muchas historias comienzan en el punto exacto en el que otras terminan. La que cuento en estas páginas no es la excepción. El día en que me mudé a un monoambiente con balcón y vista al pulmón de manzana en el barrio de San Cristóbal comenzó una historia. Y ese preciso momento marcó el punto final de otra.
No me interesa demasiado contar la historia que terminó. Tal vez por ser una historia demasiado común, sobre una relación tóxica como tantas otras. Sobre una pareja asimétrica, disfuncional, en la que uno de los miembros (mi ex) ejercía un control enfermizo sobre el otro (yo) con la finalidad de obtener todo lo que quisiera.
Tan común fue esa historia que no hace falta que la cuente. Pueden imaginársela, y estoy segura de que, así como la imaginan, así fue. Lo único que voy a contar fue el episodio final, el que cerró un capítulo y preparó el escenario para un nuevo comienzo.
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Historias desde el balcón
Short StoryMe separé de mi novio después de 8 meses de "convivencia", si por convivencia se puede entender vivir bajo un mismo techo soportando ataques casi constantes de violencia verbal y, en ocasiones, física. Cuando la situación se hizo insostenible y real...
