Cosas Favoritas

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Había vivido toda su infancia y adolescencia en esas cuatro paredes que, para él, se parecían más a una cárcel que a un orfanato. Con esos barrotes en las ventanas, la pintura cayendo de a poco llevando consigo un poco de la pared, las personas que lo llamaban "monstruo" aún cuando eran ellos los que tenían las manos llenas de su sangre... No culparia a nadie si se confundiera y pensará que ese lugar solo era una prisión en vez de un lugar llenos de niños queriendo ser adoptados.

Esas cuatro paredes no solo guardaban todo el sufrimiento y dolor de Atsushi Nakajima, si no también toda su historia y recuerdos.

Pero eso ya era cosa pasada, ahora estaba en la Agencia Armada de Detectives, lugar donde podía comer cuando tuviera hambre, donde podía hablar sin miedo a ser brutalmente castigado, podía sentir otra emoción en vez de el miedo o tristeza que siempre parecía adueñarse de su pequeño cuerpo, podía tener amigos de verdad sin temor a que lo traicionaron o lo terminarán usando como a un juguete.

Por primera vez en sus 18 años, se podía permitir sentirse humano y que lo traten como tal.

Ahora mismo estaba en el trabajo que tanta alegría le había traído, estaba haciendo el informe de la misión que acababa de hacer. Aún cuando sus brazos y piernas estaban adoloridas por la pelea que tuvo con Akutagawa...

En realidad su misión no era pelear con el perro de la Mafia, si no que tenían que trabajar juntos. Pero una cosa llego a la otra y terminaron en una pelea que consistía en Ryunosuke atacando y Atsushi defendiéndose como podía.

Al final, Akutagawa se fue a regañadientes hacia su trabajo sin haber cumplido su cometido de "una pelea digna". Nakajima termino con varios rasguños proporcionados por Rashomon en los brazos y manos.

Por su cansancio por la misión o por qué el tigre simplemente no quería ayudarlo, las heridas tardaban en sanar, haciendo que le duelan las manos al escribir y los brazos cuando se movía. No es que eran heridas tan graves, había recibido peores, simplemente eran molestas.

–At-su-shiii –llamo una voz cantarina desde el otro lado del escritorio.

El nombrado levanto la vista para toparse con unos ojos y cabellos cafés. Suspiro al saber lo que pediría Dazai, pues no era para nada disimuladas sus intenciones cuando tenía una pila de papeles sin llenar y los dejaba en frente del albino.

–Dazai... Sabe que lo respeto mucho pero— no lo dejaron terminar pues una voz se hizo presente.

–¡Dazai! ¡Deja de pasarle todas las cosas al mocoso y se responsable una vez en tu vida! –grito Kunikida desde el otro lado de la oficina.

–Estoy siendo responsable, mira –agarro el brazo de Atsushi para levantarlo, este se quejo un poco pero no dijo nada– lo llevaré con Yosano para que lo cure ¿verdad Atsushi?

–No hace fal— nuevamente fue interrumpido.

–¿Que dices Atsushi? ¿Que te duele mucho? Ya estamos llendo –dijo rápidamente Dazai para luego mirar al de lentes– nos vamos Kunikida, adiós ~

–Pero- ¡Dazai no hace falta que vayas vos también! –Kunikida fue ignorado.

Los dos hombres pasaron un pequeño pasillo con la voz de Kunikida de fondo antes de tocar la puerta de una habitación que tenía un cartel que decía "No pasar, estoy en mí descanso".

Una mujer de pelo corto y broche de mariposa les abrió la puerta, tenía una mirada de fastidio y migajas de factura en su boca.

–¿No sabes leer? muy pocas veces tengo descansos, así que si están por morirse tendrán que esperar media hora más –estaba a punto de cerrar la puerta cuando el vendado la detuvo.

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