Los inviernos en Charlotte solían ser mojados. El frío aire invernal chocaba contra mis mejillas enrojeciéndolas. Las gotas salpicaban sobre el porche de mi casa mientras que terminaba de fumar el ultimo cigarrillo que había encontrado en los cajones de mi habitación. Aquella llamada me había dejado tan desconcertada que los nervios recorrían todo mi cuerpo provocando una nerviosa caminata por el porche. Mía, mi hermana, había escapado de casa para ir a una fiesta de adolescentes. Mis padres, Scott y Amelia, salieron a buscarla, odiaban ese tipo de fiestas.
Entré en casa cuando la lluvia comenzó a ser más intensa.
Luca dormía plácidamente en el sofá abrazando su perrito de peluche.
— Despierta, Luca —dije mientras sacudía lentamente al pequeño.
— Duerme conmigo en mi habitación—contesto el pequeño adormilado.— No quiero que te echen la bronca.
Luca tenia siete años y, a pesar de la pequeña dificultad que el tenía, entendía muy bien la situación de casa.
— No te preocupes, Luc —dije mientras cogía al pequeño en brazos.— Esta vez no pasara nada.
Mentí.
No me gustaba mentir, y menos a Luca, pero a veces era necesario.
Estaba acostando a mi hermano cuando escuché abrirse la puerta principal. Rápidamente, baje las escaleras intentando hacer el menor ruido posible. Mía cabizbaja se dirigió hacia mi y, dándome un leve golpe en el hombro subió las escaleras para encerrarse en su habitación.
— Todo esto es tu culpa —dijo con rabia mi madre.
— No es mi culpa que tu hija sea una adolescente con ganas de fiesta.
Mi madre y yo no nos llevábamos muy bien. Mi padre, siempre intentaba evitar conflictos entre nosotras, solía quitar mierda para que ninguna de las dos estalláramos. Pero, estos últimos meses estaba insoportable, al igual que ella.
— Tu también pasaste por esa etapa —intervino mi padre.— Tu deber era cuidar de tus hermanos.
— Nos has jodido la cena —añadió mi madre.— No parece que tengas veinte años, Sienna.
— ¿Algo más que añadir? —pregunte con una sonrisa sarcástica.
Y sin esperarlo, mi madre, depositó un fuerte golpe sobre mi mejilla provocando un fuerte ardor.
— No me vuelvas a contestar —dijo entre dientes.
Mi padre se quedo estático sin decir ninguna palabra. Aunque no era la primera vez que ocurría esto, el nunca lo había presenciado.
Subí rápidamente las escaleras. Estaba cansada de esta situación.
En una mochila guarde cosas básicas e indispensables. Mi cabeza no razonaba y mi corazón iba a doscientos. Me cambie de ropa abrigándome lo máximo posible, la noche era fría. Agarre las llaves de mi moto y cuando creía que ya tenia todo listo, baje las escaleras nuevamente. Mi madre tomaba una copa de vino mientras que mi padre estaba sentado en el sofá cabizbajo tapándose la cara con sus manos.
— ¿A donde vas? —pregunto mi padre levantándose rápidamente del sofá.
— A cualquier sitio mejor que esta casa —conteste rabiosa.
Sin pensarlo, salí de mi casa, me monte en mi moto y me aleje completamente de aquel sitio. La lluvia caía con fuerza mojando mi ropa por completo. Los gritos de mi padre se fueron haciendo cada vez más lejanos. No recuerdo cuanto tiempo estuve manejando. El rojo metalizado de mi moto se llenaba de gotas a medida que aceleraba. Las farolas se apagaban y encendían. Las calles estaban completamente vacías, algo que me producía soledad. Debido a la intensa lluvia tuve que aparcar delante de una cabaña que estaba en un pequeño camino que llegaba a la autopista. Todo era oscuro, parecía estar abandonada.
Cerré los ojos unos segundos.
Pensé que mi orgullo ganaría, que sería fuerte y que no me dejaría hundir más por mis padres. Pero, todo fracaso cuando una lagrima traicionera comenzó a caer implacablemente por mi mejilla.
Huir de esa forma no era una buena idea.
Estaba cansada de mi familia.
Ser la oveja negra no era nada fácil.
Mis padres siempre me hacían sentir inferior sin importarles las inseguridades que me creaban. Mi madre siempre me culpaba de cada una de las cosas que ocurrían y mi padre dejaba pasar por alto las cosas sabiendo que no tenia la razón. Aunque a veces, se comportaba bien y quitaba mierda para evitar conflictos. Mi hermana, una adolescente en busca de sexo y fiesta, no pensaba la mitad de las veces en lo que hacía y generaba conflictos sin ser consciente de que todo iba a rebotar sobre mi. Mi hermano Luca era el pequeño de la familia y era el mejor. La mayoría de las veces le trataban como un discapacitado. El tenia autismo. Al principio fue un duro golpe para todos, era una situación nueva y desconocida. La mayoría de las veces no sabíamos como reaccionar, se nos hizo grande.
Todos mis pensamientos desaparecieron cuando escuche aquella voz.
— ¿Quién mierdas eres? — preguntó entre dientes con su voz áspera. Las palabras no salían de mi boca. Trague saliva y lentamente comencé a andar para alejarme.— Te he echo una pregunta —dijo con rabia mientras me agarraba con fuerza del brazo para que no me alejara.
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FOREVER YOUNG.
AléatoireNunca pensé en que depararía mi futuro. Pensé que mi vida sería siempre igual. Aburrida, muerta y sin emoción. Controlada y manejada por mis padres adinerados los cuales miraban únicamente por su interés haciéndome sentir inferior a todo lo que me...
