No podré escribir los versos
más tristes esta noche,
no como aquel Neftalí;
Si solo soy un escritor de tercera,
Un poeta de quinta y un
cuentista que tal vez nunca sea...
Media noche, le hablo a la luna,
ella decepcionada me resguarda
del frío con más frío,
sábana gélida, lágrimas tiesas,
y de mis venas, mi sangre fría
como la telaraña pegada en la pared.
Maleficio de mujer, labios prohibido,
y la luz que alumbra
mi sendero escapado;
Mi dama no existe,
no más que en mis recuerdos.
Mi sufrir opaca las ganas de seguir,
seguir el alumbrado creados por
nuestros muertos sueños.
Muertos como aquel Neftalí.
