Prólogo - Tallos cortados.

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Esa noche se levantó un viento fuerte y frío. Con el cuerpo y ropa mojada caminando por las calles vacías en esa madrugada fría. Había llamado a Anne y Sol, pero no respondieron. Por lo que llamé a Ted. Automáticamente respondió y preguntó.

— ¡Celeste!... te tardaste mucho en llamarme, ¿Todo bien? ¿Cómo se lo tomó? — En su voz, se veía reflejada la preocupación por mí.

Cuando escuché esa preocupación de Ted hacia mí, me frené en el medio de la calle y rompí en llanto. No sabía qué pensar de mi misma. Me sentía una persona totalmente tonta por no haber salido de allí lo antes posible.

Sosteniendo el teléfono en contra de mi mejilla. Él sólo escuchó en silencio hasta que mi llanto se calmó un poco.

—Veo que no se lo tomó bien... Espera, Celeste, ¿Dónde estás? Si estás en la calle, quédate quieta. Te voy a ir a buscar. — Se escuchó un quejido de la madera, por lo que supuse que se estaba levantando de la cama para irme a buscar tal y como dijo. — Celeste, ¡No te muevas, es peligroso una mujer sola en la calle a estas horas! ¿Dónde estás? —Repitió la pregunta que momentos atrás había formulado. Un silencio invadió la llamada mientras veía su espalda a lo lejos alejarse poco a poco. — Respóndeme, por favor...

Suspiré intentando retener mis lágrimas antes de cruzar la calle hacia la plaza que tenía enfrente con la mano y el cuerpo tembloroso.

—Frente al parque donde jugábamos cuando éramos niños... —Susurré entre sollozos mientras caminaba hacia las hamacas.

—Dios santo, quédate quieta, por favor. Estás en una zona peligrosa y sola. Tampoco cortes la llamada, ¿Si?

Me mantuve quieta en el lugar explicándole todo a Ted en la llamada mientras lloraba y temblaba de frío, aún mi cuerpo no se secaba.

Luego de un rato de explicarle como me había sentido esos últimos tres meses. Ted apenas llegó al parque, observó el estado en el que me encontraba; llorando, con el cuerpo mojado, temblando de frío y con la ropa manchada de barro por la tierra del parque. Se quedó en silencio unos segundos, supongo que pensando en cómo había llegado a ese estado hasta que me abrazó.

Me mantuve unos segundos en silencio mientras apoyaba mi cabeza en su hombro, sintiendo el dolor de cabeza, la presión en ella y en mi pecho, la cual era causada por mis intentos de retener el llanto.

Me acompañó caminando hasta mi casa. Después de todo, no estaba tan lejos de la suya. Llorando, le conté absolutamente todo. Como empezó la relación, en lo que se convirtió y en lo que, en esa noche, finalmente había terminado.

Rosales En Noviembre [BORRADOR]Stories to obsess over. Discover now