Tortuga, Un puerto libre donde piratas y corsarios solían hacer estadía y reclutar marineros para su tripulación. Eran aquellos días sus mejores momentos. La taberna repleta y el cálido sol del Caribe en su máximo esplendor era insoportable. Las gotas de sudor corrían por el rostro del capitán Jameson, quien desde la última mesa de aquel antro, acompañado por su contramaestre escuchaba los rumores que saltaban de una esquina a otra, esperando descubrir posiciones de nuevos barcos que asaltar o buenas nuevas sobre algún puerto indefenso listo para ser saqueado.
Era Jameson un hombre alto, carente de músculo alguno pero con temple y carácter sacado del mismísimo infierno, al menos eso solían decir sus enemigos, quienes lo evitaban a toda costa. Tenía una barba puntiaguda y una cicatriz en su mejilla izquierda que le daba un aire aún más fiero y desafiante. Era de pocas palabras, prefería analizar bien antes de pronunciar una sola sílaba y en su mirada penetrante, se podía ver correr la sangre de todos los osados a molestarle. Había viajado por todos los mares conocidos, su flota era temida incluso por la corona, quienes daban una recompensa de Dos Mil monedas de oro por su cabeza, pero nadie se atrevía a desafiarle.
Había transcurrido ya más de un tercio del día y las jarras de ron ya hacían efecto en los marinos que, en la taberna, contaban las noticias traídas de otros puertos, rumores, chismes sobre la corona y demás capitanes miembros de la Hermandad de la Costa. Jameson recostado en su asiento con ambos pies cruzados sobre la mesa solo escuchaba en busca de alguna información de su interés, sin saber, que a sus oídos llegaría una historia que le cambiaría su vida para siempre.
Un viejo almirante proveniente de Nassau no paraba de hablar sobre la leyenda de una mítica diosa que dominaba los océanos en toda su extensión, pero nadie le hacía caso. Aquel veterano aparentemente loco contaba que de esta criatura nadie recordaba el nombre, y los pocos que se aventuraron a buscarla jamás habían regresado.
-"Posee una belleza capaz de hipnotizar a los más fieros"-
Alegaba el almirante mientras Jameson bajaba los pies de la mesa y se inclinaba para escuchar.
- Esta deidad es conocida como "La Chica del Sol". Su belleza rivaliza con la misma luz del día. Su piel de alabastro resplandece bajo los destellos dorados del sol poniente, mientras sus cabellos ondulados, tan rojos como el fuego del ocaso, danzan con la brisa marina como si fueran llamas vivas. Dicen que esta diosa de los mares, en su esplendor, concede un deseo a aquellos lo suficientemente valientes para invocarla. Solo al caer la tarde, cuando el sol se sumerge en el horizonte y pinta el cielo de tonos dorados y rosados, se revela su presencia. En algún lugar desconocido, donde ni las brújulas pueden apuntar hacia el norte, cantando una canción salida del corazón se puede invocar a esta Diosa y Pedirle un deseo. -
Poco a poco fueron sumándose personas a esta conversación agregando detalles, hasta testimonios de marinos que tuvieron el privilegio de algún avistamiento. Los allí presentes no paraban de hablar de su belleza y la descripción fue suficiente para que Jameson se sintiera impulsado por su deseo de poder y obsesión por esta leyenda. Si lograba obtener el favor de la diosa sería el soberano de los mares, capaz de desafiar al mismísimo rey, forjando así un imperio.
El capitán sabía que moverse por instinto la mayoría de las veces puede resultar en un desastre, pero no bastó para detener lo que sería una misión suicida en busca de un mito.
Su contramaestre y fiel consejero, Flint, cuya edad avanzada apenas se notaba por su baja estatura y voz aguda y chillona, comenzó a notar las intenciones de Jameson, pero también sabía que era imposible detenerlo. El Capitán estaba cegado por obtener el don de regir los mares y haría lo imposible para lograrlo.
Jameson salió de la taberna no sin antes haberle ordenado a Flint que comprase los víveres necesarios y sobre todo, un considerable cargamento de ron, afirmando que pasarían mucho tiempo sin volver a tierra y reunió a su tripulación a pocos pasos de su nave, un viejo y robusto galeón de tres cubiertas con cuarenta metros de eslora llamado "Red Baron" (Barón Rojo).
-"!Abordad!"- Gritó el capitán y de varias partes del muelle corrían hombres y de uno en uno subían las escalerillas. Jameson fue el último en subir. Una vez en cubierta, mientras esperaba la llegada de Flint, se dispuso a explicar los detalles.
-"Nos espera mucho tiempo en el mar, hoy salimos en busca de una diosa y con su poder dominaremos todos los mares"-.
El silencio se apoderó de aquella masa de hombres quienes no daban crédito a lo que acababan de escuchar. -"El capitán ha perdido el juicio"- murmuraban entre ellos los marinos mientras Jameson proseguía.
-"La gloria nos aguarda más allá del horizonte, no buscamos oro ni joyas, buscamos un tesoro aún más valioso que se oculta a la vista del hombre"-.
La tripulación en silencio prestaba atención y el capitán haciendo uso de un discurso digno de un monarca les arengaba:
-"¿Sois marinos o simples mozalbetes?, ¿Queréis morir sin honor como ladrones y colgados de una horca en vez de morir aferrados a los cañones del navío en el cual han gastado sus años?"-.
La emoción se tornó un bullicio que estremeció hasta el último tablón de aquel viejo galeón. Increíblemente Jameson había convencido a su tripulación de partir hacia lo desconocido en busca de algo hasta el momento improbable.
Flint, sofocado ya subía por la escalerilla de estribor y los gabiotes cargaban cajas y barriles para abastecer las bodegas.
-"¡Arriba cerdos!"- Vociferaba Jameson. -"¡Este trozo de madera con velas no se va a mover solo!, ¡Soltad las amarras!, ¡Leven anclas!"-.
-"¡Fije rumbo capitán!"- Gritaba desde la popa el timonel.
- "¡Todo a babor!, ¡Seguid el curso del crepúsculo, y que sea la fortuna quien nos guíe!-.
Zarpaba así Jameson con su tripulación a bordo del "Barón Rojo" siguiendo como única pista la sed de poder y un mito de ultramar. Pero en el fondo, más que simplemente un deseo, el capitán Jameson escondía el profundo vacío de toda una vida a bordo de su desgastado navío sin nada más que oro y balas de cañón. Jameson comenzaba a sentirse incompleto y veía en esta diosa una posibilidad para encontrar algo más que respuestas. El capitán sentía que el sol le había llamado, usándolo como único "norte" y dejando de lado los mapas y las amarillas cartas de navegación. Su brújula no le fue necesaria, no tenía más información que su instinto y la plena confianza en que algo grande estaba a punto de suceder.
El universo pone a cada cual en el lugar correcto y bastó con escuchar esta leyenda para encender en Jameson un sentimiento que, convertido en obsesión, le hizo arriesgar todo en un viaje persiguiendo la leyenda de "La Chica del Sol".
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La Chica del Sol
General Fiction¿Moverse por instinto siempre termina en un desastre? El capitán Jameson, nuestro protagonista, se ve enmarcado en la búsqueda de un mito de ultramar. Una diosa que rige los océanos y concede un favor a quien logre su aparición. ¿Diosa o demonio? Es...
