Muchas de las cosas que leemos no son exactamente ciertas. Los datos reales pueden perderse, los hechos se mezclan de voz en voz, o incluso pueden ser borrados intencionalmente para ocultar una verdad que temen. Como dicen, la ignorancia es felicidad. Pero dejemos de lado la felicidad y permítanme contarles una historia; una historia de amor, de dolor, de supervivencia.
Todo comenzó donde todos saben que comenzó la vida, con nombres tan conocidos que parecen estar grabados en piedra: Adán y Eva. Pero si con personas tan famosas se perdió la verdad, ¿cómo no se perdería con alguien que nunca fue nombrada?
Adán era un hombre serio, objetivo e inteligente, creado para gobernar. Su primera esposa, Lilith, era una mujer seria, objetiva e inteligente, también creada para gobernar. Eran seres iguales, perfectos. Lilith lo amaba; él era perfecto para ella. Adán la apreciaba, estaba cómodo con ella, pero no más. Lilith anhelaba su amor, pero Adán no podía corresponderle. Lilith sufría, era atendida, pero no amada. Un día, ella se fue. Adán sufría, quería que ella estuviera segura porque él la apreciaba.
Lilith, decidida a encontrar su camino y su verdadero lugar, emprendió un viaje por el mundo, explorando nuevos lugares, buscando respuestas para su corazón herido. Durante su viaje, conoció a criaturas fantásticas que le enseñaron el poder de la fuerza interior.
Lilith no volvió. Pero los ángeles decidieron que Adán no podía estar solo; fue reemplazada. Adán no quería que fuera reemplazada; la quería a ella, la conocía, era su amiga.
Entonces fue creada Eva, alegre, curiosa y energética, la segunda esposa para Adán. Ella lo vio y lo amó. Adán la vio; no era como él, no era perfecta. Ella preguntaba; Adán enseñaba. Ella se lastimaba; Adán curaba. Ella lo amó y Adán la amó. No eran iguales, pero se complementaban. Adán le enseñó el mundo; Eva le enseñó a amar.
Así, Adán y Eva construyeron juntos un nuevo hogar en el Edén. Eva, con su alegría y energía, iluminaba cada rincón con su presencia. Adán, por su parte, encontraba en ella la compañía que necesitaba para sentirse completo y feliz; ya no era tan serio, la luz de Eva, lo saco de su cueva.
Pero no todo fue perfecto en el hermoso jardín. Eva fue acusada de un crimen, uno que no se sabe si se cometió. Fue juzgada y estaba por ser expulsada, solo ella. Adán no fue juzgado. Eva sería reemplazada, como lo fue Lilith. Adán se negó; no la perdería. Eran uno; si uno era expulsado, el otro también lo sería, porque se amaban.
Adán y Eva bajaron. Ella solo lloró por él, no por ella. Él solo la protegió, porque eso es lo que quería hacer. No fue creado para hacerlo, pero lo hizo por ella.
Por ella haría cosas que no haría por nadie, nunca la dejaría sola, no la perdería, no podía perderla, porque si la perdía a ella, se perdería a él, porque ¿cómo podría seguir un camino si ya no había luz?
La vida fue difícil y despiadada, pero eran felices. Tuvieron un hijo, Caín, nacido del amor, fuerte como Adán. Cinco años después, nació un segundo varón, pero no respiró. Eva estaba desgarrada; Adán, herido. Caín los vio llorar. Adán tomó al bebé y fue al mar, implorando que tomaran su vida en lugar de la de su hijo. Los hijos no deben pagar por los errores de sus padres. Dios se apiadó; el bebé respiró y fue llamado Abel. Caín lo odiaba; sus padres habían sufrido por él. Si no fuera por Abel, sus padres no hubieran llorado. Mientras crecían, peleaban, pero Eva habló con amor a Caín y explicó su dolor y su amor por ambos niños. Caín y Abel comenzaron a llevarse mejor.
Seis años después, nació una mujer borrada de la historia de la creación: Edea, la menor de los hijos de Adán y Eva y la primera hija de la humanidad. Ella era más frágil que sus hermanos, y mientras crecía, se notaba más la diferencia. Caín y Abel cazaban con Adán, y Edea ayudaba a Eva a buscar frutos. Pero Eva aún era fuerte y podía luchar, a diferencia de Edea. La pequeña quería demostrar que podía ser como el resto y un invierno salió del hogar, pero se perdió en una tormenta de nieve. Sus padres fueron a buscarla por separado; el corazón de Eva la guio a su imprudente hija que temblaba de frío, Eva guio a Edea de vuelta al hogar, pero en el camino, un grupo de lobos las acorraló. Eva tuvo que luchar para proteger a Edea, y afortunadamente, Adán llegó a tiempo para enfrentarse a los lobos, permitiendo que su esposa e hija escaparan.
Tres días después, Adán regresó con un cuchillo negro adornado con un rubí incrustado. Una mujer que solo él conocía había salvado a Adán de los lobos y le había obsequiado aquel cuchillo infernal.
Con el paso de los años, Caín y Abel partieron en busca de su propio destino. Adán le entregó su cuchillo a Abel, el más vulnerable de los dos hermanos mayores, mientras que Edea permaneció con sus padres. Pero en el mundo terrenal, la inmortalidad no existe, y la muerte finalmente alcanzó a Adán y Eva, dejando a Edea en soledad.
Sin la protección de sus padres, Edea decidió viajar por el mundo en busca de sus hermanos. Sin embargo, el miedo la paralizó, y al final, no se aventuró más allá de lo que podía encontrar cerca de su hogar.
La joven salía todas las mañanas a buscar frutos cercanos, por los senderos que camino en el pasado con su madre, con la lanza de su padre cazaba pequeños animales, la vida era difícil para una pequeña chica solitaria, débil y asustadiza, añoraba los momentos que paso con sus hermanos y sus padres, cada noche recordaba en su solitario hogar el canto de su madre, que en un lejano pasado inundó las grietas de la cueva subterránea.
Edea se sentó en el piso solitario, sus ojos verdes recorrieron el lugar, sus manos delgadas sobre una lanza que apenas podía usar, los insectos caminando por el suelo y los muros, cada cosa que veía le recordaba lo solitaria que se volvió su vida, ella aún no comprendía la efímera que podía ser la vida, no comprendía que nunca más volvería a sentir el calor de una familia, solo sabia que tenía hambre, que tenía heridas, que sus pies dolían, que no había nadie con ella.
Un invierno, la escasez de plantas y pequeños animales obligó a Edea a cazar presas más grandes. A pesar de su temor a la nieve, tomó con firmeza la lanza de Adán, un abrigo de piel de oso, y se enfrentó a la naturaleza implacable del invierno. Pero tras horas de búsqueda, sin encontrar alimento, con el frío calando sus huesos y cuando estaba a punto de rendirse, el aullido de bestias hambrientas resonó en el bosque nevado. Edea corrió tan rápido como la nieve se lo permitía, pero podía escuchar a las criaturas acercándose cada vez más. El miedo era insoportable, el frío penetraba su piel, y en un instante, Edea cayó al suelo. Sin embargo, no se escuchó nada más. Adolorida por el impacto contra el duro suelo, se dio cuenta de que estaba sobre tierra, no sobre fría nieve. Miró hacia adelante y vio más tierra, y a lo lejos, nieve. Al voltearse, descubrió los cuerpos sin vida de cinco lobos calcinados, y frente a ellos, de espalda a Edea, la imponente figura de un macho de 2,10 metros, con cabello negro largo que ondeaba en el aire y una piel roja con tatuajes que marcaba cada músculo de sus brazos y espalda.
El lugar antes frío se notó cálido, reconfortante, una sensación que la joven no había sentido desde que tuvo que cavar una tumba para su difunto padre.
KAMU SEDANG MEMBACA
Beatriz
VampirEn medio de la noche eterna, donde las sombras jugaban con la luz de la luna, se encontraba Beatriz, la hermosa duquesa vampira que encantaba a todos con su voz dulce y su belleza etérea. Descendiente de una larga estirpe de sangre vampírica. Pero s...
