CAPÍTULO I

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Al final del día, al caer la noche,
Chuuya estaría dispuesto a morir por Dazai, y Dazai a vivir toda una vida por Chuuya, incluso cuando este anhelara la muerte.

La atmósfera de la espaciosa habitación cambio abruptamente cuando él entro en ella, su sola presencia dominante lograba hacerlo sin esfuerzo. O era lo que él pensaba; al igual que se preguntaba si él era consciente de aquello.

Sentado en una bella silla color carmín, y con ayuda de la poca luz que se filtraba a través de la ventana, veía con detenimiento a la silueta apenas visible que acababa de ingresar de aquella puerta acorazada; misma que ahora caminaba lentamente hacía él.

Un chasquido de dedos fue todo para que todas las luces en la habitación se encendieran, mostrándose con más claridad aquel joven pelirrojo, este tenía sujetado su cabello con un lindo lazo, y vestía con una delicada camisa de satén de un blanco aperlado y con las mangas remangadas, acompañado de un pantalón de vestir del mismo negro intenso que su lazo; se veía hermoso.

-No me importaría seducir a la gravedad esta noche. -confesó el castaño sin una pizca de vergüenza en sus palabras.

La mirada penetrante de aquella figura recayó en él, y así mismo, intentó disimular su sorpresa al escuchar aquellas palabras provenientes de su invitado.

Ni siquiera se toma el trabajo de disimular, idiota, aún así, desearía poder saber lo que verdaderamente está pensando en este preciso momento, al igual que sentir su dolor, aquel que refleja en lo más profundo de su mirada casi vacía; está claro que esa sonrisa coqueta no es mas que una máscara para ocultar sus verdaderas intenciones, lo que en realidad siente y piensa, como si se obligara a sí mismo a dejar de hacerlo. No ha cambiado en nada, y no esperaba que lo hiciera, ya no. Además, su sola presencia cerca de mí hará que nos asesinen, ¿de verdad seguirá creyendo que volveré a caer en sus cortejos?

Aquellos fueron sólo una parte de los pensamientos que cruzaron por la mente del ex mafioso al sentarse frente al castaño.

Intercambiaron largas miradas, pero ni una sola palabra. Cualquier persona ajena a ellos juraría que, pese a que no estuvieran hablando, los dos se entendían a la perfección.

Después de todo, habían transcurrido ya 20 largos minutos y el castaño; cuyas muñecas se encontraban con un par de esposas, no tenía intenciones de decir nada relevante para la investigación.

Decidido a tomar una postura más seria ante él, habló. -Escúchame bien, maldito mafioso, sé que no aprecias tu vida, pero si no hablas ahora, ten por seguro que te daré una muerte dolorosa, de forma en que no puedas descansar como lo deseas, así que será mejor que respondas a mis preguntas y me digas de una vez qué era lo que planeabas al colocar bombas en los lugares más transcurridos en Yokohama.
¡¿Acaso tienes idea de cuántas personas inocentes pudieron haber muerto?! ¿No se supone que a los de tu Mafia y a ti les importa la protección de esta ciudad? -le expresó el pelirrojo con claro enojo en su voz, al mismo tiempo en que se levantaba de su silla con brusquedad, dirigiendo una de sus manos sobre el escritorio frente a él.

Ante eso, Dazai solo le dirigió una mirada que simulaba sorpresa, pero que a los segundos cambió por una desinteresada. -Eso no es de tu incumbencia, detective de segunda.

-¿¡Ah!? ¿Cómo puedes insinúar que esto no me corresponde? -respondió con voz irritada-. Dime una cosa, desperdicio de vendajes, ¿Acaso sabes quién soy? -cuestionó acercandose más al contrario, asegurándose de que lo viera directo a los ojos.

Una risa divertida se escapo de sus labios. -Por supuesto que lo sé, ¿Venir hasta aquí sin saber con quién me encontraría? Eso no seria nada cordial de mi parte. -y antes de que el de cabellos cobrizos pudiera responder, Dazai continuó hablando.

One last glass of wine. (soukoku) Stories to obsess over. Discover now