Corría el año 1990 en Tucson, Arizona. Era medianoche de Halloween y el frío envolvía las oscuras calles de la ciudad. Las luces parpadeantes de las casas decoradas contrastaban con la silenciosa tensión en el aire. En medio de esa atmósfera, una inspectora avanzaba con determinación, sus ojos atentos seguían los movimientos de unos ladrones que intentaban escapar entre las sombras.
La persecución había comenzado hacía pocos minutos, pero la tensión se sentía como si hubiera pasado una eternidad. Los delincuentes, desesperados por encontrar una salida, corrían por los callejones, creyendo que podrían perder a su perseguidora en el laberinto de la ciudad. Pero la inspectora conocía cada rincón, cada atajo, y no estaba dispuesta a dejarlos escapar.
Finalmente, en una callejuela estrecha y mal iluminada, logró acorralarlos. Los ladrones, agotados y sin opciones, se rindieron ante su autoridad. Con manos firmes, la inspectora los esposó, sintiendo el peso de la adrenalina que aún latía en su pecho. La noche fría los envolvía mientras los conducía hacia los calabozos, donde la oscuridad y el silencio les aguardaban
La comisaría era un hervidero de actividad, un caos ruidoso y vibrante. Se encontraba en su último Halloween allí, un lugar que había sido su hogar durante un año, pero del que pronto se despediría. La trasladaban a Phoenix, una ciudad más tranquila, con menos delincuencia y, estadísticamente, menos complicada. Mientras observaba el bullicio a su alrededor, no pudo evitar sentir una mezcla de alivio y melancolía.
Cuando el reloj marcó las doce en punto, la comisaría estalló en celebración. Habían preparado una fiesta para despedirla, aunque estaba claro que el verdadero motivo era el festejo de Halloween. Las risas y el sonido de las botellas abriéndose inundaron el lugar, convirtiéndolo en un escenario de alegría desbordante. La inspectora, sin embargo, no compartía ese entusiasmo. Nunca le habían gustado estas fechas, y menos aún el olor acre del alcohol que comenzaba a impregnar el aire.
Decidida a escabullirse, buscó la salida entre la multitud, pero su plan se vio frustrado cuando su compañero, el único al que consideraba un verdadero amigo, se acercó a ella con una sonrisa cómplice. Sabía que odiaba esas fiestas, pero aún así, logró convencerla de quedarse un poco más. Resignada, accedió, aunque cada minuto que pasaba le hacía sentir más incómoda. Veinte minutos más tarde, la comisaría era un espectáculo bochornoso de oficiales borrachos, su conducta irresponsable chocaba con su sentido del deber. La vergüenza ajena la invadía. ¿Cómo podían comportarse así, justo en el lugar donde se suponía que debían dar ejemplo?
Desde el otro lado de la sala, Logan observaba el comportamiento errático de sus colegas, cuando de pronto notó algo que le hizo detenerse. Tyler, uno de los más imprudentes en su estado de embriaguez, se dirigía con pasos inseguros hacia el superior Smith. La inspectora supo de inmediato lo que estaba por suceder, y una sensación de anticipación, teñida de preocupación, la invadió. Aquella noche, que ya de por sí le resultaba insoportable, estaba a punto de volverse mucho peor.
5 Minutos después
Una ola de "¡Ohhhhhhh!" recorrió la comisaría, seguida rápidamente por el coro de "¡Pelea, pelea, pelea!". Todos sabían lo que estaba a punto de suceder, especialmente conociendo el temperamento explosivo de Tyler.
El ambiente, que minutos antes era de celebración, se tensó en un instante. Tyler, en su estado de embriaguez, se abalanzó furiosamente sobre el inspector Smith. Lo que comenzó como una trifulca descontrolada, pronto se convirtió en un espectáculo donde Smith, consciente de las consecuencias de golpear a un agente de menor rango, se limitaba a esquivar los golpes torpes y descoordinados de Tyler. Sin embargo, había un peligro latente que nadie había previsto.
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Los misteriosos asesinatos en Phoenix
Misterio / SuspensoEn "Los misteriosos asesinatos en Phoenix", el calor sofocante de Phoenix sirve como telón de fondo para una historia de intriga, suspense y redención, donde los límites entre el bien y el mal se desdibujan y la determinación de unos inspectores se...
