Cuanto tiempo ha pasado desde aquel entonces y aun la recuerdo como si fuera ayer. Todavía la extraño, pero como explicar este sentimiento tan profundo empañado de vivos recuerdos. Ahora llevo ya veintinueve años cumplidos, dieciséis años pensándola, a donde yo voy ella me acompaña, se presenta como si fuera un fantasma, camina sin cesar por el comedor, por la sala y cuando estoy dormido, por ratos me levanta su minuciosa voz de niña altanera. Inmediatamente enciendo las lámparas y no la hallo por ninguna parte, por las mañanas de nuevo me sorprende en el aula donde imparto clases de literatura. Allí ella cobra vida, la miro sentada en el asiento de Carmelita; a veces la pena me invade y no tengo valor de mirarla, a excepción cuando ella alza la mano para preguntarme acerca del tema visto en clase o cuando después de un rato me interrumpe la sesión para irse al baño y darse esos retoques de labios y cejas que indudablemente me vuelve loco. Al principio me costaba mucho disimular y mi alumna lo había notado; algunas veces fijaba la mirada en ella mientras mis alumnos se concentraban en leer los textos que les dejaba de tarea, sus ojos no presentaban signos de amenaza, al contrario, resultaba provocativos porque una ligera sonrisa lo delataba. Lo malo de Carmelita es que por ser guapa tenía novio, era un grado mayor que ella y cada vez que me los encontraba en la cafetería, Carmelita lo besaba mirándome de reojo. Su propósito era hacerme sentir celos y con el paso del tiempo lo había conseguido. Mis clases habían dejado de ser un trabajo para convertirse en una obsesión hacia mi alumna, no había un solo día en que no me preocupara por ella como cuando hubo un tiempo en que empezó a faltar y a descarrilarse en sus estudios. Preguntaba por ella a mis alumnos, pero nadie sabía nada, fui en busca de su novio y él me dijo que Carmelita no sabía si iba a regresar, por cómo se miraba no era señal de una buena noticia; el pobre muchacho se veía cansado, llevaba ojeras y las pupilas dilatadas. Según él a Carmelita le habían detectado cáncer en la sangre y se encontraba batallando por su vida, vida que después de algunos meses le había arrebatado. Y así otra vez se había vuelto ella fantasma, Carmelita ya no estaba con nosotros, el aula permanecía sin maquillaje, sin la risa coqueta, sin la belleza de Carmelita y sobre todo sin ti Alejandra. ¿Cuántos años ha de pasar para que vuelvas a rencarnar en otra muchachita como Carmelita?
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Alejandra
RomanceEl narrador, un profesor de literatura, relata su obsesión por una alumna llamada Carmelita, quien, a pesar de su belleza y relación con otro chico, parece tener una conexión especial con él.
