Glass
Glass sentía las manos pegajosas por la sangre de su madre. Se dio cuenta poco a poco, como si lo estuviera viendo a través de una niebla espesa: como si las manos le pertenecieran a otra persona y la sangre fuera parte de una pesadilla. Pero eran las manos de ella y la sangre era real.
Glass sentía cómo tenía la palma de la mano derecha pegada al brazo de su asiento en la primera fila de la cápsula. Y sentía cómo alguien le apretaba la mano izquierda con fuerza. Era Luke. No la había soltado desde que la separó del cuerpo de su madre y la llevó en brazos hasta su asiento. Le apretaba tanto los dedos que parecía que su intención era absorber todo ese dolor punzante del cuerpo de ella y llevarlo al de él.
Glass intentó permanecer concentrada en la calidez de la mano quela tocaba. Se concentró en la fuerza con que apretaba Luke, cómo nomostraba ni un indicio de soltarla, ni siquiera cuando la cápsulaempezó a vibrar y caer en picada su trayectoria violenta hacia laTierra.
Apenas unos minutos antes, Glass estaba sentada junto a su madre,lista para enfrentar el nuevo mundo a su lado. Pero ahora su madreestaba muerta; un guardia enloquecido la había asesinado en sudesesperación por conseguir un lugar en la última cápsula queescaparía de la Colonia moribunda. Glass cerró los ojos con fuerza e intentó evitar que la escena se repitiera en su mente: su madre caía, ensilencio, al piso. Glass se dejaba caer a su lado y la escuchaba exhalary gemir pero no podía hacer nada para detener la hemorragia. Glasscolocaba la cabeza de su madre en su regazo y luchaba por controlarlos sollozos el tiempo necesario para decirle cuánto la amaba. Mirabala mancha oscura extenderse por el vestido de su madre al mismotiempo que la vida se le escapaba. Miraba cómo el rostro de su madrese relajaba justo después de pronunciar sus últimas palabras: Estoymuy orgullosa de ti.
No había manera de detener las imágenes, así como no habíamanera de cambiar la verdad. Su madre estaba muerta y Glass y Lukeviajaban a toda velocidad por el espacio en una cápsula que chocaríacontra la Tierra en cualquier momento.
La cápsula se sacudió con un gran estrépito y varias veces seladeó bruscamente. Glass apenas lo notó. Apenas percibía lasensación provocada por el arnés que se clavaba en sus costillascuando su cuerpo seguía los movimientos de la cápsula, pero el dolorpor la muerte de su madre le cortaba mucho más profundamente que lahebilla metálica del cinturón.
Siempre se imaginó el dolor como un peso... eso cuando siquierapensaba en el tema. La antigua Glass no había pasado mucho tiempopensando en la ansiedad ajena. Eso cambió después de la muerte de lamamá de su mejor amigo. Había visto a Wells recorrer cabizbajo lanave, como si llevara una enorme carga invisible. Pero Glass se sentíadistinta, ahuecada, vacía, como si le hubieran sacado toda emoción delcuerpo. Lo único que le recordaba que seguía viva era sentir la manotranquilizadora de Luke sobre la suya.
La gente estaba apretujada alrededor de Glass. Todos los asientosestaban ocupados y había hombres, mujeres y niños en todos losespacios disponibles de la cabina. Se sostenían unos de otros para noperder el equilibrio, aunque nadie podía caer, estaban demasiadoapretados: una masa ondulante de carne y lágrimas silenciosas.Algunos susurraban los nombres de la gente que habían dejado atrás, otros movían la cabeza con desesperación, negándose a aceptar que sehabían despedido de sus seres queridos por última vez.
La única persona que no parecía sentir pánico era el hombresentado inmediatamente a la derecha de Glass: el vicecancillerRhodes. Miraba directamente al frente, como si no se diera cuenta, ofuera inmune a todos los rostros desconsolados a su alrededor. Unaoleada de indignación sustituyó el dolor por un instante. El padre deWells, el canciller, habría hecho todo lo posible por consolar a quienesestuvieran a su alrededor. Aunque, para empezar, nunca habríaaceptado un lugar en la última cápsula. Pero Glass no estaba enposición de juzgar. La única razón por la cual había podido subir a lacápsula fue porque Rhodes las llevó con él cuando abordó por lafuerza.
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Vuelta A La Tierra (Los 100) (Libro 3)
Science FictionTras semanas de haber aterrizado en el planeta que siglos atrás fuera hogar de la humanidad, los cien se las han arreglado para crear un sentido de orden en medio de un entorno salvaje y caótico. Pero su delicado equilibrio se desploma con la llegad...
