Dhravenko era un pueblo donde las personas parecían encontrarse a cada pocos pasos; el humo brotando de las chimeneas de las casas inundaba aquel pueblo tranquilo de una calma impresionante. La gente reía y bailaba aquella terrible noche en honor a la celebración anual de la Sombra Plateada.
Realmente nunca hubo un "qué"; las personas hacían todo un ritual con esta figura. Los rumores indicaban que protegía el pueblo desde hace varios años y, en las sombras, se encargaba de guiarlo.
Al menos eso entendía el pequeño Vincent de palabras de su madre. —Se dice que está aquí por la biblioteca— le decía cada vez que alimentaba el misticismo de aquel rumor.
Aparentemente, aquella biblioteca de pisos de madera rechinantes y el teatro del pueblo habían sobrevivido a más de un desastre natural y humano.
A diferencia de la biblioteca el teatro si lo conocía bien gracias a su madre, ahí solía hacer sus presentaciones con el violín; Vincent estaba seguro que entre las actividades favoritas de su papá estaba el verla tocar,
Precisamente durante la tarde de aquel fatídico día la fueron a ver; ella tocaba con un glamour y una elegancia sin igual, el recuerdo de ver los ojos brillosos de su padre al ver a la mujer que ama desenvolverse en su campo debía ser el recuerdo que más perdurará de aquel día
Después del hermoso recital fueron al fin a casa los 3, Leonora arropó a Vincent, no era una noche particularmente fría pero aún así su compañía lo hacía sentir cálido
—¿Puedes leerme un poco?— al niño no le interesaba mucho pero escucharla siempre hacía todo más interesante.
—Vinnie ya es tarde...—Empezó pero al ver el puchero del pequeño finalmente cedió— está bien!, pero nada de preguntas extrañas!— dijo haciéndole cosquillas como solo una madre consintiendo a su hijo podría hacer .
Aquel extraño libro era un cuento sobre la luna, a lo que su pequeña mente entendía era un cuento del cuento celeste tratando de recuperar a su hijo?, muy confuso pero interesante a la vez.
Finalmente el pequeño quedó dormido y la noche prodigio
El fuego no empezó con un grito.
Vincent lo recordaría así durante años...
como si todo hubiera comenzado en silencio.
Tenía ocho años. El ambiente se sentía más tenso que de costumbre y el pequeño se levantó con una extraña sensación en el pecho.
No entendía por qué el aire se sentía distinto.
—¿Papá?... ¿mamá?—los llamo 1, 2, 3 veces, y no hubo respuesta; fue ahí cuando decidió investigar un poco.
Sus pies fríos tocaron el suelo de madera y se aventuró a explorar su hogar.
La casa estaba demasiado quieta.
Demasiado vacía.
Entonces...
Un golpe.
Lejano.
Como si algo hubiera caído... o sido arrancado.
Entonces, otro sonido.
Más cerca.
Algo se rompió.
Y luego—¡VINCENT!—. Un grito. Agudo. Desesperado. Real. Era la voz de su madre Leonora
Vincent corrió hacia la puerta, torpemente, con esa urgencia que solo tienen los niños cuando algo no encaja.
La abrió.
Y el mundo ya no era el mismo.
Había gente corriendo. Pero no como cuando llueve. No como cuando juegan. Corrían... sin dirección. Algunos caían. Otros no se levantaban.
KAMU SEDANG MEMBACA
The Midnight Symphony
VampirDrahvenko fue un pueblo que aprendió a vivir con una presencia que nadie entendía del todo. La llamaban la Sombra Plateada. Decían que protegía... que observaba... que nunca los abandonaría. Hasta la noche en que todo desapareció. Veinte años de...
