GRACIAS PAPÁ.

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-Cuéntame madre, ¿por qué no he visto a papá en las últimas semanas?
-Él no tiene tiempo para nosotros ahora.
-¿Y por qué?
-Estoy conciente de que te debo una explicación, pero justo ahora no estás preparado para asimilarlo. Te agradecería que no toques más el tema.

La madre del pequeño Alejandro estaba exhausta emocionalmente. Podría describirse de una manera más precisa, que estaba totalmente destruida. El padre de Alejandro era un hombre de espíritu libre, demasiado libre. Un hombre despreciable como individuo, pero con un encanto difícil de ignorar. Se dedicaba a la distribución de electrodomésticos en toda la nación mexicana, en otras palabras: un trailero. Dicho oficio le permitía mantener aventuras a lo largo de sus recorridos. Decir que llevaba una doble vida se queda corto. El hombre llamado Antonio, tenía una cantidad innumerable de familias distribuidas en todo el país y la situación de Alejandro con su madre, era tan sólo otro caso de las víctimas de sus fechorías. El había enamorado a una joven Ángela de 19 años. A la cuál, le prometió el mundo y las estrellas después de él. Le ofreció experiencias únicas y era un poeta experto, por lo que utilizó su facilidad del habla para atraparla en su red en tan sólo un par de meses. Sostenía una relación en decadencia con ella, que llegó a su final después de que su hijo cumplió los nueve años de edad. Después de eso dejó de frecuentarlos de forma definitiva. Ángela, destrozada por lo sucedido, hizo sus maletas y de la mano de su hijo, emprendió un viaje por su cuenta en búsqueda del amor de su vida, con la esperanza de que aquellos días dorados volvieran.
Alejandro se preguntaba en extremo confuso, la razón por la que habían dejado su hogar en Guadalajara para tomar un vuelo a Tijuana. También se preguntaba por qué su madre lloraba inconsolable noche tras noche, encerrada en el baño mientras él comía un trozo frío y duro de pizza. Deseaba hacer algo al respecto para recuperar el brillo en la mirada de su madre; sin embargo, ella rechazaba toda muestra de afecto proveniente del pequeño reaccionando de manera violenta. Justo en el tercer día de su estadía en Tijuana, Ángela se encaminó acompañada de su hijo en dirección a la oficina de la empresa donde trabaja su anhelado amante. Donde fue recibida por una joven recepcionista que se paralizó al escuchar los motivos por los que Ángela solicitaba los datos de Antonio; mientras un grupo de traileros que esperaban su turno para entregar los comprobantes de entregas la escuchaban apenados.

-Antonio, ¿eh?- dijo uno de los traileros que había escuchado todo. -Ese mal nacido volvió a hacer de las suyas.
-¿A qué se refiere, señor? ¿Usted lo conoce? ¿Sabe dónde está?
-Sólo puedo decirte que donde sea que esté no importa, siempre y cuando esté lejos de usted. Así es mejor, créame mujer.
-No entiendo la razón por la que se expresa usted así ¿acaso el hizo algo malo?
-La existencia misma de un ser tan despreciable es una maldición de Dios. Nuestra recepcionista, Ale, fue absorbida por su mentiras. Y disculpe usted que sea yo tan entrometido y mi falta de tacto para hablar. Pero es lo correcto. Usted debe saber la verdad. Ale fue una de sus tantas amantes a lo largo y ancho de nuestra pobre nación. Ella quedó deshecha al enterarse que Antonio,- hizo una pausa para escupir en el suelo a manera de desprecio -tenía múltiples familias abandonadas en todos sus recorridos. Es un hombre sin piedad.
-Debe estar mintiendo. Él dijo que habrían hombres como usted que querían manchar su honor. ¡No le creo nada!
-Señora... - dijo Ale -el dice la verdad. Si usted me permite... yo también realicé una investigación. Acérquese por favor.

La joven recepcionista sacó un sobre con fotografías, todas con el nombre de los estados del país y fechas escritos en ellas. Añadió que sus propios colegas fueron quienes tomaron esas fotografías. Alejandra salió corriendo de la oficina dejando al pequeño Alejandro ahí. Todos estaban conmocionados por la situación. El niño evidentemente no sabía que era lo que debía hacer. El trailero decepcionado por las acciones de Ángela, tomó el sobre y se ofreció a llevar al niño al hotel donde estaban hospedados.

Gracias Papá. (Relato corto)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora