El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña; es la madre de la Fantasía, de los dioses. Posee la segunda visión, las alas que le permiten volar hacia el infinito del deseo y de la imaginación...Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer ...
Jules Michalet.
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Despiertas en la pieza de tu habitación, pero hoy no es como los demás días. Has cumplido dieciocho años.
A diferencia de otras chicas de los años veinte, no pedirías una fiesta ni te irías a vivir con tu esposo. Buscas independencia. Lejos de tus padres, lejos de ese ambiente sofocante de peleas constantes. Nunca entendiste cómo podían seguir juntos si parecía que se odiaban. Los escuchabas discutir a diario, lanzarse reproches, hablar de infidelidades. Tu adolescencia transcurrió entre gritos y silencios incómodos, con más problemas familiares que momentos memorables junto a ellos.
Desde pequeña quisiste irte lejos. Te dolía verlos pelear; te cansaba que arruinaran tus días con discusiones que no tenían fin. Tuviste la oportunidad de irte con algún pretendiente cuando apenas tenías quince años, pero no querías repetir el patrón de tu madre. Tu mente iba adelantada a tu época: no encajabas con la ideología del siglo XX que dictaba que una mujer debía conformarse con cocinar y atender a un hombre que, tarde o temprano, sería infiel. No querías aguantar malos tratos a cambio de un techo y comida. Si bien anhelabas una familia y un esposo amoroso, querías ser pareja, compañera, no propiedad. Soñabas con ayudar a pagar las cuentas, con caminar a la par, no detrás. Querías engendrar hijos con alguien que te amara, no con quien te sacara del infierno de tus padres para meterte en otro abismo peor.
Ahora estabas en New Orleans.
Frente a ti, tus maletas reposaban ante una casa de dos pisos: modesta, antigua, pero acogedora. Había sido de tus abuelos y, después, de tu joven tía. Ella había sido encontrada asesinada en un callejón hacía poco más de medio año. Al no tener familia cercana más que tu padre, la casa pasó a él… y ahora te la había dado como regalo de cumpleaños.
La despedida con tus padres fue emotiva. Su única hija abría las alas para volar hacia la vida adulta. A pesar de todos los problemas, siempre te amaron. No era tu culpa que se hubieran casado tan jóvenes ni que ahora no se soportaran. Sabías que, después de tu partida, probablemente se separarían; tú eras lo único que los mantenía unidos. Aun así, no se preocuparon por ti: sabían que no eras solo una cara bonita. Eres fuerte, obstinada, apasionada y no temes asumir riesgos.
Te instalaste rápido en tu nueva casa. La mudanza fue sencilla y, de algún modo extraño, ya sentías que ese lugar te pertenecía.
Fuiste al cementerio a visitar la tumba de tu tía y de tus abuelos. Llevaste flores de azahar. Frente a la lápida que decía “Amara Ghirga (1899–1927)”, te detuviste a reflexionar sobre el mundo en el que ahora vivías. Tu tía era joven y hermosa, con una voz increíble, amable, de gran corazón. No entendías cómo alguien podía hacerle algo tan terrible.
¿Por qué ella?
¿En qué momento tu amado New Orleans se convirtió en víctima de un asesino que nadie lograba atrapar?
¿Cuáles eran sus razones para matar… y por qué tu tía?
Recordabas la ciudad como un lugar vibrante: música en vivo, cocina condimentada única, un crisol de influencias francesas, africanas y americanas. Mardi Gras, el carnaval de finales de invierno, era el ejemplo perfecto de su espíritu festivo: desfiles escandalosos, disfraces, fiestas callejeras. Te encantaba venir de niña, observar los carros alegóricos, bailar hasta el amanecer, probar manjares exquisitos y escuchar cantar a tu tía en el Belle Cantine, así se ganaba la vida.
Te dolía ver cómo New Orleans ya no brillaba por sus festivales, su música ni su cocina. Ahora solo se hablaba del Hachero de New Orleans. Todos temían a ese asesino que llevaba años acechando sin que nadie lograra atraparlo. Estabas segura de que él había sido el culpable de la muerte de tu tía. La ciudad de la vida nocturna ahora mantenía a sus habitantes encerrados, y la Ley Seca terminaba de apagar lo poco que quedaba de su alegría.
La última vez que habías pisado esta ciudad tenías doce años. Recordabas cómo apenas comenzaban los primeros casos y cómo tu tía se preocupó por ti. Por eso nunca volviste a vivir un Mardi Gras con ella. Nunca volviste a probar su jambalaya.
Ya no estabas de visita.
Ahora vivías en New Orleans.
Podrías volver a celebrar Mardi Gras. Podrías volver a comer jambalaya. Pero antes debías encontrar trabajo.
Creías que no serías una víctima más del asesino. Pensabas que podrías enfrentarlo si se te presentaba, que no serías lo suficientemente ingenua como para caer en sus trampas. Te repetías que siempre estarías alerta, que podrías identificarlo y vengar a tu tía si lo tenías enfrente.
Pero eras ilusa.
No te dabas cuenta de que, desde el momento en que regresaste a la ciudad, comenzaron a girar engranajes en un fondo oscuro. Y, como un péndulo oscilante, te convertiste en esclava durmiente del destino.
¿El asesino podrá amar?
¿Serás solo una víctima más?
¿Estaban destinados a esto?
¿La radio será seducida… o será la radio quien seduzca?
¿Podrán cambiar el destino?
ČTEŠ
Aura Roja
FanfikceLos años 20s, famoso locutor de radio que tras la oscuridad era el asesino de New Orleans, ¿quién podria sospechar de el? de ese apuesto y carismático joven, nadie sospecharía de sus hobbies tan peculiares como matar o practicar Vudú. tu, una chica...
