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prólogo

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El eco de sus palabras seguía vibrando en el espacio confinado de la cocina clandestina, pero fue el impacto de mi espalda contra la barra de granito lo que finalmente me hizo despertar. Liam me tenía acorralada, sus manos grandes fijando mis muñecas a los lados de mis caderas con una posesividad que me cortaba la respiración. Sus ojos oscuros, inyectados de una furia que no era odio sino puro deseo contenido, devoraban mis labios.
Habíamos pasado meses jugando a la ley del hielo. Meses convenciéndonos de que nos detestábamos, de que el resto del mundo no importaba, de que lo nuestro era una batalla perdida.
Pero los celos tienen una forma muy sucia de derribar el orgullo.
-Suéltame, Lombardo -susurré, aunque mis dedos ya se enredaban por puro instinto en la tela de su sudadera negra holgada, atrayéndolo más hacia mí.
-No me pidas eso, Anderson -respondió, su aliento caliente rozando mi boca-. No cuando sabes perfectamente que te estás muriendo por esto tanto como yo.
Y tenía razón. En el instante en que sus labios cubrieron los míos con una urgencia salvaje, supe que nuestra guerra había terminado. O peor aún: que apenas estaba comenzando, y que las reglas que habíamos seguido durante todo el último año escolar ya no servían para una mierda.

Inevitable feelingsStories to obsess over. Discover now