La Avenida de los Sueños

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La Avenida de los Sueños, ¡no hay mejor lugar donde vivir! Porque en la Avenida de los Sueños, las calles están pavimentadas por algo más brillante y valioso que el oro; está hecha de sueños.

En la Avenida de los Sueños, donde los transeúntes caminan por gusto y, en vez de agotarse, se sienten ligeros. Porque en la Avenida de los Sueños, es donde entiendes por qué el sol sale al horizonte; es donde se ubica nuestra amada avenida. En la Avenida de los Sueños, donde entiendes por qué en la Luna las tristezas se sienten; porque es cuando el sol se despide de la avenida..., de nuestra bella y valiosa avenida.

La Avenida de los Sueños, donde la gente vive en un ímpetu de felicidad.

La Avenida de los Sueños, donde podemos ver fachadas tan alegres y radiantes, donde la gente sale solo a compartir su alegría y donde podemos encontrarnos historias tan jocosas y sublimes como la realeza.

En la Avenida de los Sueños, donde podemos encontrar historias de vecinos que llenan de vida a esta avenida; nuestra señora Mar camina con sus zapatillas por nuestra hermosa calle en busca de las mejores carnes y verduras para su gran celebración: su aniversario. Avanzando hasta encontrarse con las mejores carnes de la ciudad, carnes que solo uno puede encontrar en esta bella avenida. El señor carnicero, tan hablador y alegre como siempre, le preguntó por el motivo de la sonrisa de nuestra señora Mar, ella respondió con gusto:

—Hoy se cumple un año más desde que pronuncié mi juramento en el altar.

En la Avenida de los Sueños, donde nuestra bella señora Mar camina de regreso a su casa para preparar el platillo favorito de su esposo. Lleva en una mano una bolsa reciclable que contiene tres kilos de carne y un sinfín de vegetales, y en la otra mano, el postre preferido de su esposo (un rico pastel de flan que solo se encuentra en la Avenida de los Sueños).

En la Avenida de los Sueños, donde nuestra señora Mar regresa a casa, recordando con nostalgia la ocasión en que, en esta misma calle (¿dónde más, sino en la Avenida de los Sueños?), conoció en su niñez a un niño que se convertiría fácilmente en su mejor amigo y que, con el paso del tiempo, se convertiría en el hombre que la llevaría con un enorme vestido blanco a la mejor iglesia de la Avenida de los Sueños para jurar su unión, sin romperla durante más de treinta años.

En la Avenida de los Sueños, donde nuestra señora Mar cena en una mesa en un cuarto donde la única luz proviene de las velas en el centro. La señora Mar recuerda el pasado mientras toma el guante de su esposo, colocado sutilmente en la mesa, y mira con dulce nostalgia su fotografía.

—¿Has estado bien, amor? —Preguntó.

Y, como es de costumbre, la fotografía no respondió.

—Feliz aniversario, amor.

Y, como es de costumbre, las lágrimas de la señora Mar no dejaron de correr.

En la Avenida de los Sueños, donde encontramos sueños y fachadas e historias tan ricas como nuestra ya mencionada señora Mar. Pero no solo nuestra señora Mar es la única que tiene su historia: cada habitante tiene sus sueños y aspiraciones, sus vidas y secretos, como la de nuestro joven de la avenida: Sergio.

¡Oh, Sergio!, un joven que vive con su amada madre y hermana, siempre atento y cariñoso. Raro en verdad, pero un tipo de "raro" que causa alegría y orgullo (digno ejemplo de lo que es nuestra avenida). Desde su concepción en un colchón algo malgastado, húmedo y con manchas de varios fluidos que la madre de nuestro joven Sergio desconocía y que tal vez al curioso o al habitante de una casa le parecía repugnante, pero que para la madre de Sergio fue el mayor regalo que pudo darle nuestra bella avenida, porque un colchón en medio de la lluvia en la parte más oscura de un parque abandonado es sin duda un lujo, objeto de prestigio. ¡Oh, Sergio!, nuestro extraño hijo nacido de la avenida, que al dar luz no lloró ni se quejó; al contrario, sus ojos brillaban y miraban directamente a su madre con tal cariño que le hizo ablandar su corazón cuando esta cargaba con un costal en la mano y a Sergio en la otra. ¡Oh, Sergio!, aquel niño que fue creciendo en la calle al lado de su madre hasta convertirse en un joven fuerte y decidido en cuidar a quienes quiere, como a su pequeña hermana que pobre es, pero tonta no, pues aprende de su hermano cuando este sale de la escuela y llega del trabajo a la pobre casa construida por su madre en aquel lugar donde encontró un colchón con manchas extrañas.

En la Avenida de los Sueños, donde nuestro joven Sergio puede cuidar bien de los que ama. Su pobre madre enferma está, la mujer no sabe lo que tiene, pero intuye que es por esos trabajos que hace en la calle a altas horas de la noche, cuando sus hijos duermen. ¡Oh, Sergio!, nuestro joven de la avenida que siempre sonríe y ayuda a todo el mundo; conocido por las viejas por ser tan atento y dispuesto a ayudarlas con las cosas pesadas; conocido por hacer reír a sus compañeros de clases con sus ocurrencias y por ser siempre el primero en todo en las clases; conocido por los adultos por hacer trabajos y encargos a cambio de dinero y conocidos por siempre ir a las farmacias y comprar medicamentos para el dolor y la fiebre. Sin importar nada, Sergio destaca en todo, siempre sonríe para su hermana y siempre está a gusto para recibir un abrazo de ella. Se divierten siempre en los columpios viejos que están en el parque en el que ambos nacieron y a veces cuando la madre no puede cuidarla por el dolor, el buen Sergio la cuida en la escuela. Los compañeros de la escuela la adoran; es gentil, dulce, linda y, en resumen, un encanto.

Encanto, fuerza, belleza y rareza, son los perfectos adjetivos para nuestra avenida, justo como los son nuestros jóvenes protagonistas. Ahora saben el porqué estos representan a nuestra avenida. Tal vez por eso o tal vez porque justo como ya se había mencionado, hoy, la madre de Sergio está enferma. Cada día está peor, el dolor no lo resiste y solo calla las lágrimas del sufrimiento para no ser vista por sus hijos y se libera cuando ambos no están. Sergio y su hermana estaban entonces en la escuela, pero la clase ya terminó, sus amigos como siempre le preguntaron si pueden ir a su casa, tal vez a jugar, a pasar más tiempo o incluso hacer la tarea, pero Sergio miró a su hermana y ella a él, Sergio contestó:

—Lo siento, pero tengo que hacer cosas y estoy muy ocupado. Mejor para la otra.

—Siempre dices eso —respondió el amigo de Sergio —. Pero está bien, espero y algún día en verdad me invites a tu casa.

—Sí —dijo —, a mi casa —. Murmuró para sí.

En la Avenida de los Sueños, donde nuestro joven Sergio se va a su casa con su hermana en brazos, donde ambos entran a un parque viejo y abandonado, pero al cual siempre crecieron y se cuidaron el uno al otro, por eso es un hogar.

En la Avenida de los Sueños, donde Sergio llega con su madre y la ve acostada con todas las telas disponibles que tienen y el recién suéter comprado por su hijo. Sergio la ve e intenta levantarla; le compró otra pastilla para el dolor. La mujer no responde y está helada, aunque no sabe si es él o ella, hasta que la niña dice: "me das tu mano, es que las tienes tibias y yo estoy fría". Ahí entendió.

—Mejor te abrazo.

Y la abrazó. Y la volvió a cargar para salir del parque por donde entraron, no sin antes decirle a su madre, quien ya no escuchaba:

—Te veré después, mamá. Nena, dile adiós a mamá.

—¿Para qué? ¿A dónde vamos? —. Preguntó su hermana.

—A casa.

—Pero esta es nuestra casa.

—No, ya no lo es más. Vamos a otra, ¿no quieres una casa como las de tus muñecas?

—Sí, sí quiero —. Respondió emocionada. 

—Entonces vamos. Dile adiós a mamá.

—¿La vamos a dejar?

—Es que ella ya lo hizo.

Y así se fueron, la pequeña se despidió y el joven Sergio se fue con su hermana para encontrar esa casa soñada de muñecas que solo en la Avenida de los Sueños se puede encontrar: tal vez, precisamente, en los sueños. Un lugar hermoso donde todos estamos, donde todos escapamos cuando lloramos: salimos y mostramos una sonrisa, una alegría, una fachada; donde todos somos vecinos, como los son Sergio y su hermana, la señora Mar o incluso yo, el que está narrando. Todos somos vecinos, porque todos vivimos en esta bella Avenida. La Avenida de los sueños, donde todos escapamos y mostramos una mentira; una bella mentira como lo es la Avenida, porque todos necesitamos a veces huir de nuestra historia, huir de casa y salir para vivir, en la Avenida de los Sueños.

FIN

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