-Esa noche-

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La fresca brisa que daba la cercanía al río envolvía una de las primeras noches de las vacaciones de verano. En la casa del Abuelo Allen, Anzu se encontraba acostada en su cama algo tensa, ya que unos ruidos provenientes del huerto no dejaban de sonar toda la noche. Anzu puso sus rodillas al borde de la cama para poder ver por la ventana, observando el ambiente del huerto en la noche. De repente, notó que unos arbustos cerca de las plantaciones del abuelo se movíann de forma sospechosa. Anzu frunció en el ceño y dejó un leve suspiro de incomodidad saliera de su boca, ya que esto ya había sucedido noches atrás. Se levantó, y con el mayor cuidado posible para que no se despertara su hermano o su abuelo, se dirigió al cobertizo donde guardaban las herramientas del campo. Cogió un rastrillo oxidado de una esquina, y sonrió con satisfacción ya que su plan para espantar lo que sea que haya allí estaba funcionando. Abrió la puerta del cobertizo lentamente, y se asomó hacia el huerto. Puso su oreja en el aire para ver si notaba algo de movimiento. Y en una de las filas de la plantación de tomates, allí estaba:


"Bingo!" 


Un pequeño coyote estaba robando unos cuantos tomates que colocó en su boca. En cuanto vio a Anzu, echó a correr lo más que pudo, pero los tomates se le caían con la velocidad. Anzu clavó el rastrillo en el suelo con una mueca de felicidad en su cara. Recogió los tomates del suelo mientras una leve risita de alivio y confianza le recorría la garganta. Colocó los tomates en la cesta más cercana de recogida de alimentos y volvió a dejar el rastrillo en el cobertizo. Mientras se dirigía a él, notó como una mirada le atravesaba en cuerpo, y eso hizo que tuviera un ligero escalofrío. Se giró rápidamente y sus ojos se abrieron como platos del susto.


"Que ha sido...eso?"


Anzu parpadeó varias veces antes de dirigirse de nuevo al cobertizo mientras decía:


"Me lo habré imaginado..."


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A la mañana siguiente, el olor del desayuno pasó por la nariz de Anzu y esto hizo que lentamente abriera los ojos en felicidad. La voz de su hermano menor, Noah, sonó como una bocina en la puerta de su cuarto. 

"¡¡HERMANAAAAAAAAA!!! ¡¡ABUELO ESTA ESPERANDO A QUE BAJEEEEEES!!"

Gritó Noah, que esto hizo que Anzu se levantara de un susto y sus sabanas resbalaran hasta caer.

"¡Ya voy! ¡Ya voy!"

Anzu se rascó la cabeza varios segundos antes de levantarse para recoger las sabanas. Echó una mirada de fastidio a su hermano, quien daba saltos de impaciencia e inquietud. Anzu suspiró y bajó con su hermano las escaleras. En la planta baja, en el comedor, se encontraba el abuelo de Anzu y Noah con los tres platos listos del desayuno. El abuelo les sonrió:

"Buenos días, Anzu y Noah. Anzu, te levantaste más tarde de lo normal. ¿Hay algo que te molestó anoche? 

El abuelo preguntó a Anzu, mientras ella dejaba la silla que le correspondía a un lado para poder sentarse y acomodarse.

"Oh, si. Un pequeño coyote, no es nada. ¡Pero salió corriendo en cuanto me vió!"

Anzu sonrió al abuelo, y el abuelo sonrió también.

"Me alegro que no haya sido nada grave."

Noah, impaciente, movía las piernas debajo de la mesa con ansias de preguntar algo, jugando un poco con la comida.

Dear KairyWhere stories live. Discover now