La noche era lúgubre y bochornosa en el bosque Espino Negro. Un escalofrío recorría la espalda de cualquiera que se atreviera a adentrarse en él, pues albergaba secretos y horrores que pocos podían imaginar. Árboles de todos los tamaños se alzaban como gigantes silenciosos, ocultando la luz de la luna y las estrellas. En la base de uno de los más grandes, se encontraba la aldea hoja quebrada, un refugio precario y vulnerable ante las amenazas del bosque.
Una vez al mes, un grupo de ocho exploradores tenía que abandonar la seguridad de la aldea y aventurarse en el bosque a buscar suministros en el pueblo más cercano. Eran hombres y mujeres valientes, entrenados para enfrentarse a los peligros del bosque, pero también temerosos de lo que podían encontrar. Generalmente se enfrentaban a criaturas como arañas gigantes o serpientes venenosas, pero lo más peligroso era que podían encontrarse era una amazona, seres increíbles a los que ellos apenas llegaban a los tobillos.
Las amazonas eran las dueñas del mundo, y de todo lo que había en él.
Ellas tenían una fuerza y una belleza sobrenaturales. Sus cabellos eran de colores vivos, sus ojos brillaban como joyas, y sus cuerpos tenían generosas curvas y joyas. Eran guerreras feroces, que cazaban y mataban a su antojo, sin importarles la vida de los humanos, a los que consideraban poco más que insectos. Generalmente no era común toparse con una en el bosque por la noche, pues preferían cazar de día, cuando podían ver mejor a sus presas. Pero esa noche había una que tenía hambre de sangre.
El grupo de exploradores hablaba entre sí cosas habituales de la búsqueda de suministros, tratando de distraerse del miedo. Iban armados con espadas, arcos y dagas, sabiendo que las criaturas del bosque eran peligrosas
—Escuchad bien, amigos - les dijo Roger con voz seria. - Esta es una misión importante, y también peligrosa. El bosque Espino Negro es un lugar hostil, lleno de criaturas que quieren matarnos. Debemos estar alertas, y no separarnos nunca. Si vemos algo sospechoso, nos comunicamos con el silbato, y nos reunimos en el punto de encuentro.
Algunos de ellos se miraron entre sí con nerviosismo, mientras que otros se mostraron confiados y decididos. Uno de ellos, un joven de cabello rubio y ojos azules, que se llamaba Thops, se acercó a Roger, y le preguntó con curiosidad:
—Roger, ¿es cierto lo que dicen que podríamos encontrarnos con una amazona?
Roger suspiró, y le miró con una mezcla de compasión y reproche.
—Thops, ¿cuántas veces te lo tengo que decir? No hay nada que temer, salvo las arañas, las serpientes, y otras alimañas del bosque. Así que deja de preocuparte por las amazonas, y concéntrate en la misión. ¿Entendido?
—Vamos, muchacho, no seas cobarde. Eres un buen explorador, y tienes un gran futuro por delante. Solo tienes que ser valiente, y seguir mis órdenes. Todo saldrá bien, ya lo verás.
Thops le devolvió la sonrisa, y se unió al resto del grupo. Roger les hizo una señal, Y los exploradores se adentraron al bosque.
El grupo de exploradores avanzaba con cautela por el bosque, atentos a cualquier señal de peligro. De pronto, uno de ellos se detuvo y señaló hacia un árbol cercano. Allí, entre las ramas, se veía una enorme telaraña, que brillaba con la luz de la luna. Y en el centro de la tela, una araña gigante, del tamaño de un caballo, que los miraba con sus ocho ojos negros y hambrientos.
- ¡Por los dioses, es una araña de Espino Negro! - exclamó uno de los exploradores, reconociendo la especie más temida del bosque. - ¡Rápido, retrocedamos!
Pero era demasiado tarde. La araña había detectado su presencia, y saltó de la tela con una agilidad sorprendente. Cayó sobre el explorador más cercano, y lo atrapó con sus mandíbulas, arrancándole un grito de dolor y terror. Los demás se quedaron paralizados por un instante, viendo cómo su compañero era devorado por la bestia.
- ¡No podemos dejarlo así! - gritó otro, sacando su espada y corriendo hacia la araña.
Los demás le siguieron, armados con sus arcos y dagas, dispuestos a luchar contra la araña, aunque sabían que tenían pocas posibilidades. La araña se defendió con sus patas y sus colmillos, hiriendo a varios de los exploradores. Solo quedaban seis con vida, y estaban acorralados contra un árbol. La araña se preparaba para dar el golpe final, cuando de repente, un estruendo ensordecedor hizo temblar el suelo.
un golpe seco y brutal, que hizo temblar la tierra y resonar el aire. Los exploradores sintieron un impacto en el pecho, que les dejó sin aliento. Miraron hacia arriba, y vieron una sombra enorme que se cernía sobre ellos. Era el pie de una amazona, que había caído sobre la araña, aplastándola como si fuera un insecto.
El pie era descomunal, más grande que una casa. Tenía cinco dedos largos y delgados, con uñas pintadas de rojo. El tobillo estaba adornado con una pulsera de oro, que brillaba con la luz de la luna.
Los exploradores se quedaron boquiabiertos, viendo cómo la sangre de la araña se esparcía por el suelo. El pie se hundió en la tierra, dejando una huella, que marcaba el paso de la amazona. La huella era tan grande, que podía albergar a varios humanos dentro. Los exploradores se sintieron diminutos e insignificantes, comparados con el pie de la amazona, que les observaba con curiosidad
Levantaron la vista, y vieron la silueta de la amazona, que se inclinaba para observarlos con curiosidad. Era una mujer hermosa, de cabello rojo y ojos verdes, con uñas pintadas de rojo largas y afiladas como garras, llevaba un vestido negro con detalles en dorado y un collar que brillaba con vida. Sonrió al ver a los humanos, y extendió su mano para agarrarlos.
- ¡Qué suerte! - exclamó con voz dulce. - He encontrado unos bocadillos para la cena. '''
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La caceria
FantasyLa historia trata sobre unos exploradores, que salen de su aldea en busca de suministros para sobrevivir al invierno. La aldea está rodeada por un bosque oscuro, que esconde muchos secretos y peligros, Pero lo que no saben, es que hay algo mayor que...
