UN SUSTO TEMPRANO

173 12 0
                                        

Esta historia de fantasmas, que marcó la vida de Xie Lian, ocurrió un par de años atrás, con una peculiar pesadilla.

Xie Lian, hijo de un viudo inglés, vivía junto con su padre en un castillo, en el aislado y primitivo territorio de Estiria.

En ese asilado lugar, todo era tan maravillosamente económico que, aun disponiendo de muchísimo más dinero, Xie Lian no veía cómo uno podría disfrutar de más confort material, e incluso de más lujos, de los que gozaban.

Su padre había servido en el ejército austríaco, y al jubilarse con su pensión y un cierto patrimonio, adquirió esta residencia feudal, además de unas pocas hectáreas de tierra a su alrededor.

"Imposible imaginar nada más pintoresco y solitario"

Pensó Xie Lian.

El castillo estaba sobre una pequeña colina en medio del bosque. La carretera, muy vieja y

estrecha, corría delante del puente levadizo –que Xie Lian jamás había visto levantado– y el foso se mantenía surtido de peces, mientras que una bandada de cisnes navega entre islas flotantes formadas por las hojas de los nenúfares. Y dominando la escena, se levantaba la amplia fachada del castillo con sus innumerables ventanas y su capilla gótica.

A unas siete millas en esa misma dirección, o sea a la izquierda, quedaba el pueblo habitado más próximo. Y a una distancia de aproximadamente veinte millas en sentido contrario se hallaba el más cercano castillo de alguna importancia histórica, el del viejo general Pei Ming.

No era técnicamente el pueblo más próximo «habitado». Porque existía, a no más de veinte millas hacia el occidente, es decir, en dirección al castillo del general Pei Ming, una aldea abandonada con su diminuta iglesia, ahora desentejada, en cuya nave se encuentran las vetustas y enmohecidas tumbas de la aristocrática familia Karnstein, más conocida como la familia XuèYǔ TànHuā, de un linaje ya extinguido, antiguos dueños del desolado castillo que, erguido en medio del bosque, contempla las silenciosas ruinas del pueblo.

Por aquella época era muy reducido el número de personas que compartían la vida en el castillo, sin contar a los criados, ni a los dependientes que ocupaban algunos cuartos en los edificios anexos. Estaba el padre de Xie Lian, el hombre más bondadoso sobre la faz de la tierra pero ya entrando en años, y Xie Lian, que solo contaba con diecinueve años en la época en la que ocurrieron los sucesos que te voy a contar. Todo sucedió hace unos ocho años.

La madre de Xie Lian, era una señora de la sociedad estiriana, murió cuando él era aun muy joven. Pero tuvo un compañero, un chico de no muy buen genio, que lo acompañó, podría decirse, desde la infancia. Su no tan tierno cuidado y no tan amable temperamento suplieron el sentimiento de soledad que perseguía a Xie Lian, Monsieur Feng Xin, que así se llamaba, oriundo de Berna, era el tercer miembro del grupo cuando se reunían a cenar. Había un cuarto, Monsieur De Mu Qing, que le servía a Xie Lian de tutor.

Había dos o tres muchachas de aproximadamente la edad de Xie Lian que en ocasiones les visitaban. Normalmente, aunque no siempre, sus visitas eran bastante breves. Xie Lian les visitaba a ellas también, pero con poca frecuencia.

Sus relaciones sociales eran escasas, aunque no faltaba la visita ocasional de alguno de sus vecinos, si se puede llamar «vecino» a una persona que vive a cinco o seis leguas de distancia de la casa de Xie Lian. En resumidas cuentas, puede usted estar seguro de que Xie Lian una vida bastante solitaria.

Monsieur Feng Xin y su tutor Mu Qing no se llevaban muy bien, pero cuando se trataba de ayudarlo y protegerlo, siempre hacían un buen trabajo en equipo, aunque, la mayoría de las veces no ejercían sobre Xie Lian el mínimo control, puesto que, tratándose de un niño mimado como él, criado sin madre y con un papá que le consentía y le daba gusto en prácticamente todo, no había mucho de que preocuparse.

Carmilla (HuaLian)Stories to obsess over. Discover now