La habitación estaba sumida en una penumbra espesa, apenas iluminada por la luz grisácea que se filtraba a través de las cortinas rotas. El aire se sentía pesado, cargado de un olor metálico y dulzón, mezcla de polvo, sangre y algo que no debería existir en este mundo. Leon guardó silencio durante varios segundos, inmóvil en el centro del cuarto, mientras sus ojos recorrían tu cuerpo con lentitud dolorosa, como si su mente se negara a aceptar lo que sus pupilas captaban. En su mirada chocaban y se mezclaban la lástima más profunda, una rabia ardiente... y algo más oscuro, algo que ni él mismo se atrevía a nombrar.
—¿Cómo... cómo pasó esto? —preguntó al fin, con la voz tensa, como si le costara formar cada palabra—. ¿Cuándo ocurrió?Apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de su mejilla se marcaron bajo la piel, y dio un paso involuntario hacia adelante, solo para detenerse en seco.
—¿Por qué no me lo dijiste antes...? —susurró, y en su tono había reclamo, pero sobre todo, miedo.Sabía perfectamente que no tenía derecho a enfadarse contigo. No era tu culpa. Y aun así, la ira le quemaba el pecho como ácido, una furia dirigida únicamente contra sí mismo. Su princesa, la persona más importante de su vida, estaba infectada, cambiando ante sus ojos... y él había sido un estúpido. Ciego. Inútil por no haberlo notado antes.
—Yo... yo solo... —intentaste hablar, pero las palabras se te deshicieron en la garganta, convertidas en un susurro débil y roto—. No quería preocuparte... Pensé que pasaría... que solo era fiebre...Leon dio un paso más hacia ti y volvió a frenarse, como si una barrera invisible lo separara de lo que quedaba de ti. Se pasó una mano por el cabello, desesperado.
—No —murmuró, negando con la cabeza una y otra vez—. No, no hagas eso. No me mires así... Por favor, no me mires con esa culpa.
Las venas de tus brazos y cuello se habían tornado oscuras, marcando la piel como ramas de un árbol enfermo. Hacía poco habías vomitado sangre, manchando la sábana que te cubría, y el color de tu rostro se apagaba por momentos, tornándose de un tono azulado que le helaba la sangre. Cada segundo que pasaba, eras menos tú... y, sin embargo, para él seguías siendo todo su universo.
—Oye... —su voz se suavizó de golpe, volviéndose casi un arrullo, tembloroso y quebrado—. ¿Qué... qué te está pasando?Extendió la mano, y sus dedos se movieron en el aire, a centímetros de tocarte, pero se contuvo a tiempo, aterrado de hacerte daño o de que el mal pasara a él.—Esto no es normal... —murmuró, más para sí mismo que para ti—. Esto no debería estar pasando.
Había algo profundamente perturbador en la imagen que tenía frente a él. Era como si dos versiones tuyas estuvieran superpuestas: una, la que siempre amó, frágil, hermosa y llena de luz... y la otra, algo roto, corrompido, algo que no pertenecía a este mundo y que avanzaba poco a poco para apagar la primera.
—Ayuda... —gimoteaste, arqueando la espalda sobre el colchón mientras una nueva oleada de dolor te recorría—. Leon... por favor...Lo miraste con ojos vidriosos, llenos de súplica, con esa mirada que siempre lograba desarmarlo todo.
—Debes... debes matarme.
El aire pareció espesarse de golpe, volviéndose difícil de respirar. El silencio que siguió fue más fuerte que cualquier grito.
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Love in life and death (___ X Leon )
Romance____ está infectado con el virus T y está en proceso de transformación. Leon su novio no puede aceptar ese final
