Capítulo 1

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Capítulo 1


Nos gusta creer que tenemos el control de nuestras vidas, que podemos trazar la ruta de nuestro navío, pero lo cierto es, que el destino existe y le gusta jugar con nosotros más de lo que debería.


Starbucks.

La cafetería de mas renombre a nivel mundial.

Y un gasto en mi cartera que ciertamente no necesito.

Revise el menú desplegado con las bebidas de temporada y las más vendidas, por unos segundos la idea de irme paso por mi mente, es una gran estupidez desperdiciar algunos dólares en algo como esto cuando después pueden hacerme falta, pero deseo ser egoísta, deseo ponerme a mí antes que a mamá, o a Hope.

—Siguiente por favor.

Egoísta. Deseo tanto ser egoísta. Necesito serlo. Al menos por unos segundos.

—Buenas tardes, ¿ya sabe qué desea ordenar?

—Hola... umm... sí. Dame... –Doy otro rápido vistazo al panel de bebidas antes de decidirme por una bebida caliente—. Un caramel macchiato grande por favor, con leche deslactozada.

—Claro, es un total de $4 dólares. Su pago será con efectivo o tarjeta.

—Efectivo.

Por unos segundos sentí como si los ojos de todos se posaran sobre mi espalda, acechantes, juzgadores.

Tomando una honda respiración y aferrándome a mi idea de ser egoísta abrí mi bolso en busca de mi cartera, sin titubear extraje un billete y se lo extendí a la chica tras el mostrador, quien con una sonrisa lo tomo, cobro y me devolvió el cambio.

Para mi sorpresa no siento como si un gran agujero hubiera aparecido de pronto en el fondo de mi bolso, o como si nos fuéramos a quedar en la calle por esos 4 dólares menos en nuestra cuenta bancaria.

—A nombre de quién.

Contemplo a la alegre chica antes de responder—: Annika.

—Bien, en un momento estará listo. Puedes recogerlo al final de la barra.

Asiento con un sentimiento de fulgor en lo hondo de mi pecho, y me muevo permitiendo que la persona tras de mí en la fila ocupe mi lugar.

Deje que mi mirada bagara por todo el lugar, era una cafetería hasta cierto punto "elegante", aunque ciertamente no es la gran cosa tampoco, su fama radica mas bien en el monopolio que han logrado construir alrededor de la idea de que el café vende clase, sobre todo un estilo de vida acomodado.

Caminé hacía una de las esquinas de la cafetería, había una mesa baja con dos silloncitos a sus costados, sin pensarlo me hice con uno de ellos.

Contemplé por unos segundos a las personas a mi alrededor, algunas de ellas estaban trabajando en sus computadoras con sus audífonos para no ser molestados, otras estaban platicando amenamente, y solo unas pocas tenían libros entre sus manos.

Envidié a estas últimas. Existió una época en que yo igual podía perderme en la profundidad de un libro sin darme cuenta, las horas podían pasar y yo apenas y lo habría notado, los libros siempre habían sido el refugio al cual huir, aunque ahora no fueran mas que hojas olvidadas en los pequeños estantes de mi cuarto.

Distraídamente saque la pequeña libreta que siempre cargaba en mi bolso, esa que usaba solo para anotar aquellos pensamientos que de otro modo no me dejarían dormir por las noches de no dejarlos libres en papel.

La tercera hijaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora