La federación

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— Todos en esta Isla sabrán quién eres en realidad.

— ¿Si? ¿Quién soy?

Quackity apretó los puños.

— Un traidor. Un mentiroso— Aquellos ojos avellana le devolvían la mirada. Todo rastro del amigo quién creía conocer se habia esfumado. No lo reconocía. — Eres parte de la federación, Roier.

— Así que piensas ir a contarles todo, ¿Verdad? — Roier tomó asiento en el trono de Cellbit. — ¿Quién te va a creer, Quackity? Todos te odian, nadie confía en ti. Tú no eres nadie en esta Isla.

Aquéllas palabra eran como puñales directo a su corazón. Las palabras dolían más de lo que deberían. — Los voy a convencer.

— Quiero verte intentarlo. — Camino hacía él. Inmediatamente Quackity retrocedió y aquello provocó una sonrisa en Roier. — Todos en la Isla me aman, confían en mí. Estoy casado con el líder de La órden. Tengo una vida perfecta. En cambio, tú no tienes nada, no hay nadie que crea una sola palabra tuya, Quackity. — Colocó una mano en su hombro y le susurró en el oído — Estás solo como siempre.

Quackity se alejó, sintiéndose desequilibrado.

No sé que te hicieron, Roier. Pero este no eres tú. — Quackity se negaba a creer que aquella víbora fuera su amigo  — Seguro Cucurucho te lavó el cerebro, o algo así.

— ¿Cucurucho? — Roier sonrió. — Cucurucho, ven aquí. — Ordenó al aire. Y en un instante, el nombrado había aparecido. Su lado. — Cucurucho, Quackity dice que me has lavado el cerebro, ¿Qué opinas?

— Ja ja. — Una risa mecánica fue lo que se escuchó debajo de aquella máscara.

— Cucurucho, Roier es un traidor. Lo he descubierto, encierralo en prisión — Apuntó Quackity. Aunque no fuera el presidente, el sabía que tenía cierto poder en  la isla. Después de todo había sido el fundador.

— No.

— ¿Por qué no? ¡Te estoy diciendo que el es un traidor! El deber de la federación es el bienestar de los habitantes, ¡Haz algo!

Grito desesperado.

Pero Cucurucho sacó su pistola y lo apunto con ella. — La información que ha descubierto es clasificada.

Lo próximo que escuchó fue un disparo y lo último que vio antes de quedar inconciente, fue a Roier sentado en el trono con dos cucuruchos a su lado.

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