Entre clases, me pedías que te besara.
Otras veces, sólo lo hacías.
No eran besos largos.
Sólo cortos.
Y me gustaban.
Al igual que tus pucheros.
Y cuando te mordías el labio, también.
Sabías que algo dentro de mi brincaba al verte hacer eso.
Y lo hacías, con mucha mayor razón.
Y bueno, terminaba besándote.
Besando tus lindos labios.
