Prologo

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Noah: El amante de la Yakuza

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Deosepul o Frontres no es conocida por ser la ciudad de las oportunidades. Desde las primeras guerras cuando la civilización no se había formado, esas tierras demostraron porque solo los más fuertes sobrevivían. Ápex predator contra ápex predator.

Algunos la llaman la tierra de las leyendas. Y no están mal, las leyendas se crean y mueren en la ciudad, derramando su sangre sobre su superficie desde que el planeta fue encontrado.

Y nunca el flujo de sangre se ha detenido. Desde la época de los caballeros hasta nuestros días; donde los arboles fueron suplantados por enormes bosques de concreto, la luz de las estrellas fue opacada por la luz del neon, los estandartes se cambiaron con logos, las cartas por hologramas, las flechas por pistolas, las katanas... por ciberkatanas; y los honorables caballeros... sustituidos por matones, asesinos, guerreros y gladiadores.

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El suspiro que salió de su boca fue largo, e incluso pesado. Cerró los ojos y rompiendo los códigos sociales pertenecientes a la alta sociedad, simplemente coloco sus codos sobre la mesa, y descanso la barbilla en la palma de sus manos, a este punto poco o nada le importaba las miradas indiscretas de los comensales elegantemente vestidos mesas continuas a la suya.

Sabía lo que pasaba por sus mentes, ¿qué hacía una rata rural en su elegante restaurante? ¿Sería acaso alguien importante? ¿Qué noble dejo vivir a su bastardo? ¿O con quien se estaba acostando?

Pero todas esas preguntas también le tenían sin cuidado. Que pensara una sociedad barbárica que disfrutaba de ver a los combates en las arenas no merecía su atención, por más pedante que suene. La tecnología y la sociedad había conquistado las estrellas, y los altos cargos que gobernaban el universo no dejaban de ser idiotas e ignorantes.

Observo otra vez su reloj... dos horas tarde, bueno, no era tanto, la última vez espero cuatro horas.

―«No importaba». ―Al menos eso fue lo que se obligó a pensar.

―«No pasa nada» ―pensó dejando de prestar atención a las luces doradas del techo, al oro en las mesas y sillas o a los demás comensales que lo observaban de reojo.

Observo por la ventana y no pudo evitar quedarse maravillado un momento. Un espectáculo de luces y colores solo para quien los apreciase. Solo un cristal evitaba que las fuertes corrientes del cielo lo empujaran por la "borda", desde ahí, desde uno de los cinco edificios más altos de la ciudad podía apreciar la magnificencia de la ciudad; un paisaje de luces multicolor que opacaban las estrellas del cielo, hologramas danzantes que usaban las paredes de los edificios como su escenario; una muestra más de la exageración humana. Un enorme teatro de neón.

―Cortesía de la casa ―la voz del mesero le trajo a la realidad.

Dejo de apreciar el neon y hologramas de los edificios; y fijo su vista en el plato que el mesero le trajo, eran unas galletas con algo encima, de color negro y con aspecto nada apetecible.

Tomo una de las galletas y antes de llevárselas a la boca noto como tres mesas al fondo, una pareja le veían y sus ojos se iluminaban del mismo color, señal de una conversación en la red.

―«Otra vez lo ha vuelto de dejar plantado...»

No era un lector de mentes, no contaba con mejoras o podía usar poderes, pero está seguro que eso pensaba sus espectadores.

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⏰ Last updated: Sep 06, 2023 ⏰

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