Era como una noche cualquiera, fría, solitaria y hundida en la incertidumbre. No había ni un ánima en la calle; vacías, como mi alma después de otra noche agitada de trabajo, actuando en lo que se podía llamar un “teatro”. Era la escapatoria de mi angustiosa vida. Un lugar en dónde podía olvidarme de mis problemas y podía ser yo misma. Una persona que muy pocos conocían. Una mujer llena de virtudes, un maravilloso ser, el cuál dejaba a todos los hombres hipnotizados con un sólo movimiento. Por fin, me iba a casa a descansar. Mi segundo lugar seguro, no era muy bonita, pero era agradable vivir allí sabiendo que era la herencia de mis padres. Al llegar, me fijé que las luces de la cocina estaban encendidas, a pesar, de que era casi la una de la madrugada.
–Ya estoy aquí– dije para avisar.
–Estoy tomando una copa– respondió Eloise, mi hermana y compañera de piso.
–¿Como puedes estar bebiendo a estas horas? No es propio de una dama– la miré fijamente.
–¿Y quien me lo dice? ¿Tú? Que deberías estar casada y con algún retoño. Pero aquí estás, viviendo con tu hermana mayor– dijo sarcásticamente.
Eran principios del siglo XX. Nuestros derechos como mujer a estaban empezando a tomarse en serio. Pero todavía teníamos que casarnos con un hombre con buena dote, si queríamos avanzar en esta vida. Mi hermana se acababa de prometer, pero no podía vivir con su futuro esposo, hasta después del matrimonio. La verdad es que no era un mal tipo, todo lo contrario, un apuesto ruiseñor, como debe ser, llamado Mark Richardson. Pero, ella era todo lo que tenía después de la muerte de nuestros padres en un trágico accidente.
Aún así, tenía que empezar a hacerme una idea y afrontar que pronto se mudaría y yo, pues, me quedaría sola. Hecho que está mal visto.
–Y qué, ¿No tienes ningún admirador que desee desposarte?– me dijo en tono vicioso.
-Muchos, a decir verdad, pero ninguno es el indicado. De nada sirve que sea de buena cuna, si luego es un grosero. Además, no creo que puedan estar a mi altura– dije en broma con ligera superioridad.
–¡Por favor Joanne!– se rió.
–Oye, quiero decirte algo– me dijo cogiendo mi mano– eres mi hermana pequeña, la luz de mis ojos pase lo que pase, siempre estaremos juntas, ¿vale?–
–Lo sé, lo sé, te quiero- acaricié su mano.
Claro que lo sabía, era mi protectora, la que me cuidaba en las noches lluviosas y tormentosas. Y su relación, no iba a ser impedimento para que cambiará algo.
-Venga, vamos a dormir, que ya es hora y hay que madrugar- colocó la copa en el fregadero y nos subimos a nuestras habitaciones. Allí nos desvestimos, para acostarnos. Sentía un alivio cuando me quitaba el corset y me quedaba en camisón. Me apretaba demasiado.
En algunos países se estaban quitando, que suerte, pero aquí, había que seguir llevándolo.
-Buenas noches, que dios te bendiga- dijo apagando las luces.
-Que descanses- dije bostezando.
La cama era blanda y la almohada de plumas, así que rápidamente caí en un profundo sueño, que pedía a gritos mi cuerpo y alma, poder descansar.
* * * * * * * * * * *
Casi un mes después, era la boda de Eloise, la habíamos preparado con antelación, tenía que ser perfecta. Y aunque había intentado calmarla, todo esfuerzo era en vano.
–¡Por favor Elo! Toma un segundo para respirar– la agarre de las manos– todo saldrá bien, está perfectamente organizado. Los invitados, el horario, la comida y ¡Tú! Así que relájate, no queremos que cuando desfiles hasta el altar te tropieces por culpa de los nervios– la llevé al espejo– Mira, estás preciosa. Padre y Madre estarían orgullosos de tí–.
¿Tú crees? Me veo horrible, creo que no seré capaz– dijo en sollozos.
–Pero por favor, llevas el vestido de mamá, ¿Cómo vas a estar mal?– El vestido era inmensamente hermoso, de encaje blanco, tapando todo el cuerpo, con un corset que delineaba la figura que tenía la que lo usase. Propio de una bella dama de nuestra época, de símbolo libertad, pero sin rozar la vulgaridad.
La abracé, luego nos miramos fijamente y orgullas.
–No sé que haría sin ti, te quiero tanto– me dijo gimoteando y volviéndome a abrazar.
–Venga, no hagamos esperar a Mark– cogimos las cosas, nos montamos en el carruaje llevado con dos caballos blancos y nos fuimos directamente a la iglesia.
Cuando llegamos, empezaron a sonar las campanadas.
Yo estaba sentada en primera fila, junto con los padres de Mark, su progenitor, Edward Richardson, era quien iba a acompañar hasta el altar a Eloise, mientras sonaba un canon. Horas más tarde estábamos celebrando la perfecta boda comiendo.
–¿Que tal te lo estás pasando?– le dije mientras disimulaba con el abanico.
–Es el mejor día de mi vida– fue entonces, cuando su ya esposo, la sacó a bailar al son de la orquesta.
Felicidad y muchas risas, así transcurrió el día. A mi me parecía excesivo y agobiante, pero por un día no iba a pasar nada. Esa noche, me despedí de Eloise y puse rumbo a casa, era la primera de muchas noches que iba a dormir sin ella.
O eso creía yo...
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David Hellfox
Mystery / ThrillerUna joven mujer, actriz de teatro, aparece brutalmente asesinada en su habitación, amarrada a la cama con la funda de la almohada. Tiene el cuerpo cubierto de arañazos, golpes y lo más impactante, sin corazón. Se lo habían arrancado de cuajo y pues...
