Ella era un chica dulce, muy confiada de si, risueña, una sonrisa coqueta y unos ojos que brillaban cada vez que te veía , me encantaba recostarla sobre mi pecho y acariciar su cabello, su aroma me erizaba toda la piel y siempre que me besaba me era muy difícil mantener al margen, realmente liberaba algo oculto en mi.
Una noche quedamos de vernos en una fiesta, ella llevaba un vestido color negro brillante , mientras que yo llevaba un smokin, después de la fiesta fuimos a su casa, me llevo a su cuarto y ahí estuvimos platicando un buen rato, su habitación tenía una litera de madera muy linda, decorada a su gusto, luces que cambiaban de color y algunos peluches por ahí regados, sin embargo cuando estábamos acostados juntos, un impulso me orillo a besarla lentamente, ella solo sonreía beso tras beso.
La pasión que emanaba de sus labios era realmente embriagador, al punto que decidí ponerme encima de ella e ir deslizando mis manos a su cintura mientras ella se arqueaba un poco presa del deseo, empecé a morder ligeramente su labio y ella soltaba un ligero gemido.
Pronto empecé a subir mis manos por su cadera hasta quitarle el vestido, dejando al expuesto un conjunto color carmesí de encajé, el color le favorecía mucho, ella sonrojada trataba de ocultar un poco su rostro, aunque con la mirada pedía un poco más, extiendo mi mano hacia un cajón que teníamos exclusivamente ella y yo.
Saque unas cuerdas y con delicadeza empecé a amarrar desde su pecho formando una estrella en su pecho con las cuerdas y pasandola por sus manos, el extremo de la cuerda terminaba amarrandola a la parte de arriba de su litera, retiraba su brassiere lentamente, mientras veía sus pechos ya inchandos de lo excitada que estaba, sabía que nuestro juego acababa de comenzar.
Empecé a lamer suavemente las puntas de sus pechos y a morderlos un poco, ella le gustaba cuando la preparaba, la besaba mientras le susurraba su palabra de seguridad, "morado", acto seguido le ponía una mordaza en la boca y yo me ponía unos guantes de cuero, pronto empecé a jugar con mis dedos entre sus piernas, podía ver cómo le gustaba, sentía como se iba humedeciendo poco a poco entre sus piernas y trataba de apretarlas, mientras soltaba gemidos ahogados y profundos me mantenía lamiendo sus pechos.
Pronto tomaría su vibrador favorito y lo ataría entre sus piernas mientras hacía a un lado su ropa interior, lo ajuste primero de una manera que ella pudiera ir disfrutando poco a poco, sus gemidos empezaban a hacerse más fuertes, le encantaba que la viera así, era nuestro juego, un juego un tanto perverso, sin embargo algo que disfrutábamos demasiado.
Le quitaba la mordaza y la besaba mientras aumentaba la potencia del vibrador, veía como su expresión cambia más entre un sufrimiento y un placer, le pedía que me dijera si quería más, a lo que me respondía entre jadeos que si , pronto subía toda la potencia del vibrador y veía como ella estaba entrando en ese éxtasis, me sentaba frente a ella para observarla, sus ojos se veían un poco perdidos pero llenos de placer mientras gemía y jadeaba más colgando de las ataduras que le hice.
Pronto apagaba el vibrador a lo que me mira desesperada y le negaba llegar a su climax, ella sabía que me gustaba torturarla un poco, así que le susurraba que me convenciera de que se ganará su premio a lo que me besaba llena de pasión y lujuria, si beso era cada vez más descontrolado, realmente anhelaba terminar, así que le acariciaba la cabeza y le respondía que se lo merecía y que era una buena niña, volvía a encender el vibrador y como recompensa bajaba entre sus piernas y empezaba a pasar mi lengua entre ellas.
Podía sentir un dulce sabor en mi boca, sentía realmente como se humedecia más y sus piernas empezaban a temblar, ella solo gemía más y más, mientras jugaba también con mi lengua, finalmente ella terminaba, sentía como apretaba mi cabeza con sus muslos y yo ponía un poco las manos para amortiguar la tensión de sus piernas, soltaba un gemido largo y profundo.
Soltaba sus ataduras y la besaba, ella me empujaba y me quitaba el moño y la camisa en un acto desesperado, baja mis pantalones y se montaba encima de mi, ella quería que la sintiera, ella en ese momento me pertenecía y yo le pertenecía a ella, corrompía a esa tierna niña y liberaba sus pasiones más obscuras, le encantaba, veía como me montaba llena de pasio y decidida a complacerme y complacerse, tomaba mis manos para que disfrutará cada parte de su cuerpo, el movimiento de sus caderas era simplemente divino.
Sentía como ella estaba decidida a hacerme terminar, no podía evitar gemir también en su oído, eso la motivaba más a su tarea y sentía como sus uñas arañaban mi espalda, en un acto un tanto desenfrenado, la cargo y me pongo de nuevo encima de ella mientras aún estaba dentro de ella, así que suavemente la tomo del cuello mientras lo hacía con más intensidad.
Volvía a ver esa carita que me encantaba tanto, ella no tenía miedo, ella estaba lleno de ese placer lujurioso, en sus ojos se reflejaba todo el deseo que emanaba y me excitaba más que me clavara la vista, pronto sentiría como toma mi antebrazo y siento de nuevo la tensión en todo su abdomen y sus piernas a la vez que yo siento toda mi tensión muscular y las venas de mi brazo se saltan.
Terminamos los dos con un gemido profundo mientras ella me abraza las caderas con las piernas y yo sigo con mi mano en su cuello, la tensión que sentimos es inmensa, hasta que terminó acostandome a lado de ella y los dos tratamos de recuperar el aliento entre jadeos, ella me lanza una sonrisa traviesa y me besa suavemente en la mejilla mientras me pregunta si la quiero, a lo que le doy un beso tierno en la frente y la miro directamente a los ojos mientras le digo que la amo, ella se sonroja y baja la mirada mientras se acomoda para acostarse en mi pecho y con toda confianza decidimos quedarnos un buen rato desnudos en la habitación.
