CAPÍTULO I

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En un distrito de New York, una pareja de enamorados, Andrew y Brianna, deciden dar el gran paso de vivir juntos; y se embarcan en la travesía de buscar el lugar perfecto para establecerse y así hacer crecer su amor.

Después de una semana de ardua búsqueda, encuentran un lugar que para ellos era el lugar perfecto: en un edificio de 5 pisos y había azotea. Estarían en el apartamento del 5to piso, que contaba con amplia sala de estar, dos habitaciones, una cocina, 2 baños y algo más. Sin embargo, jamás se imaginaron el trasfondo de aquel lugar que consideraban perfecto.

— ¡Definitivamente, este es el lugar perfecto que estábamos buscando! —exclamó Brianna.

— Sí, la verdad es que esta es una zona tranquila y además aquí tenemos buenas reglas de convivencia y así cada inquilino tenga la comodidad y tranquilidad necesaria — dijo el Arrendador.

— Bueno, señor... — comenzó Andrew.

— ¡Señor arrendador! — interrumpió el Arrendador.

— ¡Ok! mucho gusto, señor arrendador — dijo Andrew de forma hilarante — La verdad, espero que sea un espacio tranquilo ¿Cuáles serían las reglas en todo caso?

— Primero, no están permitidos los sonidos muy altos para así no molestar a los demás inquilinos — dijo el Arrendador.

— Segundo, la hora de llegada es a las 10 p. m. — añadió el Arrendador.

— ¿A las 10 p. m.? Pero si trabajamos hasta las on... — dijo Andrew.

— Esas son las reglas. No me interrumpa. Si por algún motivo necesita llegar después de las 10 p. m., avíseme y abriré la puerta de entrada — dijo el Arrendador.

— ¿Y la tercera regla? — pregunto Brianna un poco sorprendida.

— La tercera y última regla es que el uso de la azotea solo está permitido los domingos, sin excepciones — respondió el Arrendador.

— ¿No le parece un poco excesivo? —preguntó Brianna.

— Bueno, ya que hicieron el deposito y se firmo el contrato, ¡eso es todo! Aquí les dejo sus llaves! — dijo el Arrendador.

Brianna se quedó mirando muy desconcertada a Andrew por aquella conversación con el arrendador.

— Cariño, no te preocupes. Entremos a nuestro nuevo hogar y disfrutemos de nuestra vida juntos — dijo Andrew.

— Si, aún debemos acomodar muchas cosas, ¡pero primero a comer! — dijo Brianna.

Pasada las horas y la llegada del día siguiente, después de estar toda la noche acomodando algunas de sus cosas tras la mudanza en ese nuevo departamento, Brianna y Andrew se despiden y van a trabajar.

Luego de una ardua jornada de trabajo, Brianna y Andrew se encuentran de nuevo en casa.

— Hola cariño, ¿como estuvo tu día? — pregunto Brianna.

— Muy agotador cariño, pero tu recargas mis energías. ¿Y tu día como estuvo? — respondió Andrew.

— Tranquilo, no me quejo. ¿Qué te parece si hacemos algo de cenar para luego ver si podemos terminar de desempacar nuestras cosas mientras escuchamos un poco de música? Pero ponla en el móvil para así no hacer mucho ruido — Brianna.

— Me encanta la idea, cariño —Andrew.

Mientras escuchaban su música, se disponían a realizar una deliciosa cena después de un día agotador. pasados 5 minutos, tocan la puerta intensamente, lo que hace que Brianna se sobresalte y derrame un poco de vino en el piso.

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