CAPITULO 1. Choque de dos mundos
El sol apenas estaba levantándose en Berna. La ciudad Suiza todavía se encontraba envuelta en la bruma gris de la mañana de aquel otoño.
La calle Marktgasse, una de las mas turísticas del país Suizo se alzaba empedrada y estrecha, se veía vacía en comparación con el bullicio que más tarde la dominaría.
Solo los pocos que caminaban por aquella calle a esas horas tenían el priveligio de ver las primeras sombras de la mañana que danzaban en los verdes muros de las viejas casas de la zona.
Esmeray caminaba tranquila, ajustándose el abrigo contra el frío que empezaba a calar. No estaba apurada, como siempre, su rutina era precisa y sus pasos medidos. Se había levantado con tiempo y disfrutado de una mañana silenciosa y lenta, como a ella le solía gustar.
La puntualidad era algo que valoraba profundamente, tanto en su vida personal como en su profesión. Muchas veces se recordaba asi misma "El tiempo es valioso" y estar consciente de ello era una virtud.
A medida que cruzaba la calle, con los auriculares en los oídos y el sonido de la suave música envolviéndola, se perdió en sus pensamientos sobre la clase que daría esa mañana.
Esmeray era profesora de historia en uno de los institutos de la ciudad de Berna. La historia, los relatos de civilizaciones antiguas, el eco de los siglos, eran los temas que la apasionaban. Y tener la oportunidad y capacidad de contarla y explicarla a sus alumnos le hacia sentirse, genuinamente, una de las personas mas felices y completas de la tierra.
Y ella intentaba, todas las mañanas, agradecer por aquello que la mantenía en el mundo, su vocación y su sueño.
Sus pensamientos la mantenían distraída y la música la mantenía en una burbuja que ella misma creó.
Se conocía el camino de memoria, no necesitaba darle ordenes a sus piernas, estas ya sabían por que calles andar, que esquinas girar, lo que tendría enfrente y lo que había atrás.
Pero algo no resulto ser parte de su usual camino.
Giro por una esquina, una esquina por la que había pasado mil y una veces, nunca recordó que ahí hubiese una pared.
Fue un contacto brusco, no violento, pero lo suficiente como para que el movimiento la desequilibrara. La música en sus auriculares se apagó de golpe mientras sus pies resbalaban sobre el empedrado. Un instinto rápido la hizo equilibrarse y no caerse de espaldas en ek frio y duro suelo.
La voz que vino después la hizo fruncir el ceño.
-Perdón, no te vi -dijo un hombre de voz grave, con un acento suizo alemán que reconocia, pero firme.
Esmeray levantó la vista, confundida.
Aquello no era una pared.
Un hombre alto, de unos 28 años, con el cabello rubio, corto y algo despeinado, y una barba bien cuidada que le confería un aire rudo. Sus ojos, de un azul frío como el hielo, la observaban sin mucha expresión. Trago duro aun confundida por el golpe y sintiéndose extrañamente pequeña a su lado.
Su porte era algo rígida, y sus ojos calculadores, había algo de control en cada uno de sus gestos, como si estuviera siempre en guardia.
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Z A M A N
RomanceEn las frías mañanas de Berna, dos almas solitarias se cruzan por casualidad: Esmeray, es una profesora de historia que encuentra consuelo en la rutina y los libros. Bjørn, un militar reservado cuya vida está gobernada por la disciplina y el deb...
