La noche anterior volviste a soñar con montañas que provenían del mar, montañas que se movían en forma ondulante, y luego veías una luz plateada y enceguecedora, luego oscuridad, era un sueño que se te había vuelto repetitivo, y no te dejaba dormir. Despertabas en medio de la madrugada nervioso, con miedo, tembloroso y sudoroso. Tenías un mal presentimiento, le consultaste a los más viejos del lugar, los más sabios y ninguno pudo darte una interpretación sobre ese sueño que volvía a ti todas las noches.
Ese día, como los anteriores, te habías despertado en la madrugada, no podías conciliar el sueño. Te fuiste temprano a pescar, solitario, pensativo. Mientras estabas sentado en tu canoa, disfrutaste de los hermosos colores que se reflejaban en el cielo, era el alba, un regalo que la naturaleza te estaba brindando. Regresaste a tu aldea, después de haber tenido una buena pesca. Ya el sol empezaba a despuntar. Preparaste el desayuno para tu familia.
Mientras desayunabas, se te acercó un viejo que vivía solitario en las afueras de la aldea, el conocía el significado de las estrellas y los astros, por la expresión de preocupación que veías en su rostro, pensaste que era algo importante y urgente que tenía que decirte, te dijo que fueran hasta donde él vivía, ya que quería explicarte algo. Llegaron a la vivienda del viejo, él tomó una vara y dibujó en la tierra una serie de símbolos e imágenes que no comprendiste. Luego, te tomó del brazo y con voz temblorosa, te dijo, que se avecinaban tiempos de cambios, tiempos oscuros, que te fueras del lugar junto a tu familia y los demás miembros de la aldea y que no volvieran nunca más. Tú, algo preocupado le comentaste del sueño que habías tenido las noches anteriores, pero el viejo no pudo descifrar su significado, solo te comentó que quizás estaba relacionado con lo que él había visto en las estrellas. Pensativo e intranquilo, te retiraste de la vivienda del viejo.
Llegaste a tu vivienda y le comentaste a tu mujer lo que te había comentado el viejo, ella te tomó de la mano y te dijo que no te preocuparas, que todo iba a estar bien. Un poco intranquilo, retomaste tus tareas diarias, las personas del caserío también continuaban con su ritmo normal de vida. No había nada que los perturbara. Así pasó ese día, en la noche no conseguiste conciliar el sueño, no querías dormir pensando en no volver a tener ese mismo sueño que te intranquilizaba.
La mañana transcurrió normal, ya era casi el mediodía, cuando venías bajando de la montaña, luego de buscar algunas frutas y verduras para tu familia, fue cuando viste a lo lejos, en el mar, algo moviéndose. Tu vista no alcanzó a divisar, en ese momento, de que se trataba. Rápidamente bajaste hasta tu vivienda, dejaste lo que habías recogido en la montaña, y corriste hasta la playa. Y lo que tantas noches habías soñado, se hizo realidad, viste tres montañas moviéndose en mar, se dirigían hacia ti. Te quedaste inmóvil, viendo como poco a poco se acercaban a la costa donde te encontrabas y desde una de esas tres montañas, observaste que bajaban varias canoas pequeñas, muy diferentes a las que conocías, quizás eran cinco o seis, no recordabas el número exacto. Llegaron a la playa, eran seres que vestían ropas extrañas, hablaban una lengua que no entendías, algunos de ellos tenían herramientas metálicas y brillantes que nunca habías visto. Se acercaron hacia ti, te hablaron en su lenguaje, tú sin saber que querían decirte, le tendiste la mano a uno de ellos y le señalaste un lugar en la montaña. Caminaron hacia tu aldea, todos allí estaban sorprendidos por lo que estaba ocurriendo, los niños se ocultaban detrás de sus madres, en una mezcla de miedo y curiosidad.
El jefe de tu aldea, se acercó hasta ti, te preguntó que de dónde venían ellos, solo alcanzaste a decirle que venían de las montañas que están en el mar. El, se acercó a ellos y con gestos les indicó que eran bienvenidos, que podían quedarse allí. Esa noche, frente a una fogata, intercambiaron regalos. A los recién llegados se les notaba en los ojos su sorpresa cuando recibían los metales amarillos y perlas que ustedes les obsequiaron.
Cuando amaneció, ya habían llegado a la aldea, otra cantidad importante de estos seres. Su actitud era totalmente diferente a la de la noche anterior, sus gestos no eran amistosos. Te tomaron prisionero junto a los otros habitantes de la aldea. Y empezaron a hacerles preguntas en la lengua que tú no conocías, y sin saber porque razón, se los llevaban uno a uno para nunca más saber de ellos. Te tocó el turno a ti, no entendiste lo que te decían y encadenado te llevaron monte adentro, solo alcanzaste a ver la sangre que rodeaba el lugar y luego, una luz plateada te cegó. Era el inició de la conquista, el fin de una era.
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Conquista
Historical FictionEn un pequeño pueblo costero, un hombre tiene un sueño recurrente que lo deja inquieto y ansioso. Mientras intenta descubrir su significado, su vida cambia para siempre cuando un grupo de extraños llega en barco desde el mar. A medida que la situaci...
