Cap 1 AQUELLO QUE HIZO CAMBIAR MI VIDA

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Había una vez, en un bosque, una casita donde vivía una familia muy grande, en mi opinión. En esa casa vivían: los padres, tres hijas, una perrita y los abuelos. Las niñas, aunque fueran hermanas, no eran nada parecidas en su forma de ser. Eran dos hermanas y una niña más pequeña, las gemelas se llamaban Hannah y Anna y la niña más pequeña se llamaba Aurora, esa soy yo.

Un día, me levanté a las 6:40 de la mañana, como hago habitualmente para ir a la escuela. Me vestí, hice mi cama, desayuné y me despedí de mis abuelos, Araceli y Jaime; de mis padres, Ricardo y Noemí; de mi perrita Leya y de mis hermanas.

Como cada día, tengo diez minutos caminando hasta la parada de bus, donde quedo con mi amiga, Isis, entre comillas, porque siento que me utiliza, porque solo está conmigo cuando sus amigas no vienen a clase o no están en ese momento. La verdad es que no tengo mucha suerte con las amistades.

Mientras esperábamos el bus, envié un mensaje a mi madre de que ya había llegado a la parada. En aquel momento recibí un mensaje de Ágata, una compañera de clase, pidiéndome un trabajo de Educación Física, pero como ella me trataba no merecía mis tareas escolares, así que decidí no enviárselo y le contesté "Lo siento pero, como me tratas de una manera que no merezco, no te los pasaré". Entonces me bloqueó, aunque no fué importante para mi.

Unos momentos después llegó el bus y llegamos a la escuela 15 minutos más tarde, me quedé en una esquina escuchando música. Entramos a clase y qué alegría que hicieran cambios de mesa, porque me sentía incómoda con las personas con las que estaba porque me trataban mal dos de ellas, Susana y Sofía. Ahora una vez que me han cambiado me siento mucho mejor.
-¡Buenos días!- decimos como cada mañana a nuestra querida profesora Katy. Ella pasa la lista y empezamos a trabajar hasta la hora del recreo, donde almorzamos y jugamos. Aunque yo normalmente me quedo con los chicos porque las chicas hablan de cosas que no despiertan mi interés. Seguidamente hacemos clase hasta las dos, únicamente los viernes tenemos este horario. Voy a mi casa sola, me pongo los auriculares para escuchar mi lista de música, aviso a mi madre de que estoy en camino y posteriormente subo al bus.

Al llegar a casa siempre tengo mucho apetito, suerte que tengo la comida preparada. Ese día, cuando entré por la puerta mis hermanas estaban estudiando para un examen de la universidad en su habitación, supongo que por eso no vinieron a saludarme, pero no me incomodó porque sabía que en ese momento estaban muy ocupadas. Pero quienes me recibieron en la puerta fueron mis abuelos y Leya, les di un gran abrazo y fui a la cocina a saludar a mis padres, ellos tuvieron un comportamiento muy extraño conmigo, parecían nerviosos como si pasara algo que no querían que yo supiera... Lo dejé pasar y empecé a preparar la mesa, porque en ese momento solo pensaba en que esa noche nos íbamos de fin de semana. Por fin nos sentamos a comer y pregunté:
-¿Dónde vamos exactamente esta noche?-
-Cariño, justo queríamos hablarte de esto a ti y a tus hermanas.-
Dijo mamá, y entonces nos miramos las tres cruzándonos una mirada de miedo.
-No anirem, noies- dijo papá, porque siempre nos habla en catalán a las tres. En ese momento me sentí sin fuerzas para contener mis lágrimas. ¡Había dicho que no íbamos!.
Me marché con un mar de lágrimas deslizándose por todo mi rostro en dirección a mi habitación y no salí durante toda la tarde. No tenía la valentía de tocar unos simples acordes del piano, estuve toda la tarde dándole vueltas en mi cabeza sobre porqué no podíamos ir. Hasta que tuve el valor de salir de mi pequeño escondite a preguntar el porqué de esa situación que me revolvía el estómago. Y lo que me dijeron a continuación fue demasiado fuerte e injusto para mí...

UN MISTERIO POR DESCUBRIRStories to obsess over. Discover now