Tras dar un paseo, "Ella" decició contarle lo que había pasado con Tania. Con temor, comienza a hablar:
-"Ella": He discutido con Tania...
-"Él": ¿Qué ha pasado?
-"Ella": Quería robarme la razón de mi existencia... Quiere hacerlo. Tengo miedo. No quiero perderte...
-"Él": Creo que estás pasando algo por alto. Yo te quiero a ti, y solo a ti. Por mucho que intente separarnos no lo va a conseguir porque mi corazón te pertenece.
-"Ella": Gracias.
-"Él": ¿Por qué me das las gracias?
-"Ella": Por todo. Por ayudarme cuando más lo necesito; por apoyarme siempre; por animarme; por hacerme feliz; por aguantar mis locuras, mis celos, mis cambios de humor, mis problemas, mi forma de ser y mi actitud; por estar a mi lado siempre. Simplemente, gracias por existir.
-"Él": Todo eso que has dicho no lo hago por hacer, lo hago porque me gusta. Y si esas tenemos, yo también debo agradecerte todo lo que haces por mi, aunque yo te demuestro mi gratitud en cada abrazo, en cada beso, en cada caricia, en cada sonrisa...
-"Ella": Te amo.
-"Él": Yo también te amo, más de lo que te puedas imaginar.
Se detienen, se acercan el uno al otro y se besan. Tras despedirse, cada uno se va a su respectiva casa. El tiempo parece volar cuando están juntos. Cae la noche. "Ella" está en su habitación, sola.
