No sabes la cantidad de veces que he pensado en matarme. Pareciera ser un sueño, una meta que debo realizar para estar bien. No sé de dónde viene, generalmente pienso que es otra persona dentro de mí quien la dice. Pero a estas alturas, la verdad es que ya no me importa averiguarlo.
Conocer al hombre indicado, para una mujer profesionista en siglo XXI, se ha vuelto un deporte.
Decimos que no queremos enamorarnos, que estamos bien siendo solteras. Pero al mismo tiempo descargamos una aplicación de citas y gastamos enormes cantidades de dinero en ropa, maquillaje y a veces hasta un buen cirujano. Porque no basta con ser inteligentes y tener cultura. Se nos exige también ser bonitas, sexis y delgadas, tener un número limitado de exparejas y ser coqueta, pero no demasiado como para ser vista como chica fácil.
Estoy cansada de ser tratada como un puto objeto.
Trato de llenarme de basura que no necesito.
Una vez salí con un tipo que hablaba demasiado de sí mismo. Parecía un egocéntrico más, pero era algo más siniestro. Su rostro de alegría y gozo cambio de inmediato cuando vio en mi mano el nuevo modelo de celular que tenía en ese momento. Era la sensación tener ese celular, y para mí, era la primera cosa bonita que me compraba después de haber estado en una relación abusiva donde se me controlaba y criticaba cada moneda que gastaba. ¡Y era mi dinero!
Después de ese momento las cosas se pusieron incomodas. Comenzó a hablarme de todos los supuestos viajes que había realizado a diferentes partes del mundo -que para alguien que le gustaba subir hasta el plato que se come a redes sociales, me pareció muy raro que no tuviera ninguna foto de sus supuestas hazañas-. Por un momento creí que solo era una persona normal que se emocionaba de viajar por el mundo, hasta que me señalo. Dejaré el fragmento exacto de lo que me dijo a continuación:
- Son momentos únicos. Y prefiero gastar mi dinero en viajes que en ropa cara o el celular más nuevo en el mercado. ¿Ves el carro que tengo? Es viejo, pero sirve. Tú, por ejemplo, ¿a dónde has viajado?
- Pues... de hecho, a ningún lado. Inicio una pandemia mundial cuando comencé a ganar un salario decente.
- Lo ves. ¿De qué te sirve tu ropa cara o los lujos? No tienes nada.
Cualquier persona mentalmente estable sabe que le intimidó mi éxito profesional. Teníamos la misma carrera, pero yo había logrado posicionarme en una mejor empresa que él.
Me hizo sentir la persona más desdichada en ese momento. ¿Y si era cierto? ¿Y si necesitaba viajar para sentirme realizada? A pesar de que tu razonamiento lógico te dice que no eres tú quien está mal, terminas ansiosa, preguntándote y analizando cada detalle, porque desde pequeña se nos hace dudar de nosotras mismas, así que siempre sometemos a juicio nuestros pensamientos, con amigos, padres, cualquiera que pueda confirmar o negar nuestros presentimientos.
Analizando más la conversación pude darme cuenta de que no solo era un mentiroso, sino que tenía una cuenta bancaría al borde de la bancarrota. Tenía gastos recurrentes mensuales que rebasaban su capacidad monetaria; lo sé porque si yo hubiera tenido esos gastos, al final del mes no tendría nada para ahorrar, y él, posiblemente estaría esperando su próxima paga para sobrevivir.
Existe un libro que mi psicólogo me recomendó leer en donde afirma que una violación no es solo la penetración, sino todo acto sexual no consentido. Una caricia, una mirada. Para mí, todas hemos sido violadas.
Mi primera violación ocurrió a los ocho años.
Recuerdo que solía ir a la casa de uno de nuestros vecinos a jugar por las tardes mientras mi mamá platicaba con la suya en la cocina o la sala.
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NO soy tuya
Short StoryUn escrito que salio de mi alma tras darme cuenta de todo lo que me había afectado el machismo y la misoginia en México. Nuestra guerra no es hombres contra mujeres, es personas buenas contra malas.
