Todo estaba bien, todo parecía medianamente normal. Le parecía extraño que durante tanto tiempo las cosas todavía no habían cambiado. O eso era lo que ella quería que pasara.
Todo estaba bien, hasta que llegó.No tiene nombre ni apellido, no tiene forma ni nacionalidad, ni siquiera sabemos si es como nosotros. Simplemente aparece, cuando ella menos se lo espera. No es una visita gratificante ni mucho menos, ella sabe que da miedo. Da miedo como llega, pero le cuesta darse cuenta cuando se va. Cuando está presente te engulle, te absorbe de una manera inexplicable en la que sin saber por qué, nada es igual.
Todo cambia, hasta lo más pequeño.
Dejas de ver, de escuchar, de probar, dejas de sentir. Hace que todo a tu alrededor se torne a un color más oscuro, a que todo te de más igual que de costumbre. Pero no es un igual de que te da igual que te dé igual. Es un igual que no quieres que ocurra, pero que no puedes controlarlo.Le hace odiar los jueves, los sábados, los miércoles, incluso los viernes. Le hace odiar las semanas, los meses, le hace odiar el tiempo.Le hace odiar a las personas, incluso a las que más quiere. Y le duele, eso le duele. No quiere odiar a papá ni a mamá, no quiere odiar a sus hermanos, a sus amigos, ni quiere odiar a lo que más odia. Por fuera parece que todo es neutral, como si no le importara. Pero, en lo más profundo de su interior, en la parte en la que ni los mejores doctores pueden llegar, ella lucha por intentar escaparse, por salir de esa burbuja que parece que no se puede explotar, por esa mano que no la quiere soltar. Por esa puerta, que por mucho que intente abrirla, todas las llaves son inválidas.
Pero a la sombra, le da igual. Mira, llamémosle sombra, "la sombra". Como decía, a "la sombra" no le importa en absoluto.
Ella odia a la sombra, es a lo único que odia. Le odia con todas sus fuerzas, le sigue odiando aunque se canse de llorar, de gritar, de hacerle sentir mal todo el tiempo. Pero a la sombra le sigue importando poco lo que ella piense, la sombra no quiere hacer amigos. La sombra parece que vive en la ignorancia, pero sabe lo que hace. Sabe que hace daño, mucho de echo. Y no es solo a ella, si no también a todo su alrededor.Tal vez sea porque ve como mamá llora en la cocina todas las noches a la misma hora porque no soporta verla así, sufriendo cuando sabe que su hija no se lo merece. Como papá aunque no le diga nada, le cuenta a la abuela lo mucho que desearía que pudieran cambiar los puestos y que él tenga a la sombra en vez de ella. Como sus hermanos tan pequeños tienen que pasar días sin verla, preguntándole a mamá por qué llevan tanto tiempo sin ver a su hermana salir de su habitación, y por qué escuchan sollozos por la noche. Otra de las razones por las que mamá llora más.
"No quiero que sufran más por mi. No quiero, no quiero, no quiero".
Hablando de no querer, ¿en qué momento dejó de querer?
No lo sabemos con exactitud, pero se puede decir que fue incluso antes de que llegara la sombra.Un día como cualquier otro se levantó de su cama, se preparó, desayunó, se despidió de sus padres y de sus hermanos y cogió su mochila para irse a clase. La rutina normal, de siempre. Pero ese día aunque no notara nada, en su interior se estaba formando el cambio de algo muy grande. El resto del día funcionó tal y como todos, pero algo comenzaba a ser distinto. Ese día no sonrió, no se sentía feliz. En efecto, no sentía ningún tipo de emoción. Desde fuera podías observar a una muchacha con la mirada perdida, que te hacía darte la sensación de que estaba pero a la vez no. Pero ella, ella no lo veía así. Ni siquiera estaba viendo nada. No sentía absolutamente nada. Nada nuevo. Nada de nada. Ese nada fue el detonante de todo.- ¿Te pasa algo, hija? Preguntó mamá al verla tan inexpresiva.- No, nada. - ¿Estás bien? Dijo papá después de darle un beso en la mejilla.- No, nada.- ¿Pasó algo? Te noto la voz distinta. Comentó su amiga por teléfono.- No, nada.Nada.Nada.Nada.Nada.Nada.Nada. Nada. Nada.¿Por qué todo el mundo me pregunta qué me pasa?Si no me pasa nada.De verdad que no me pasa nada.
Nada.
Nosotros, los humanos, solemos recurrir a "nada" para huir de las situaciones que se presenten en cualquier momento, de las cuales sintamos la necesidad de escapar de ellas. Pero, cabe recalcar que la mayoría de las veces que decimos que no pasa nada, en realidad si está pasando algo. Una cosa, o dos, o tres, o cuatro. O todo.
