Llevaba toda la mañana delante del ordenador intentando escribir el siguiente capítulo de su libro, sus amigas de pequeñas siempre le habían dicho que lo intentara, que cumpliese ese sueño que tenía. Mas que un sueño era algo que tenía que hacer porque algo de muy dentro de su ser se lo pedía a gritos desde muy pequeña, sin embargo lo había pospuesto hasta ese momento.
Miro el pequeño reloj que tenía en su muñeca, tenía una cita con un paciente nuevo en media hora, si no salía ya de casa no le daría tiempo a llegar ya que de su casa a la consulta había unos veinte minutos de camino andando y como su coche llevaba en el taller unos días eso ya no era una opción.
Llegó a la consulta con varios minutos de antelación, antes de entrar se paró a colocar la pequeña chapa en la que ponía con letra en mayúscula "Ángela García Jurado" y un poco más abajo y en una letra un poco más pequeña estaba escrita la palabra "Psicóloga". Esa era su profesión desde hace ya casi dos años y le encantaba, a decir verdad había tenido mucha suerte casi nadie encontraba un buen trabajo en esa profesión con tanta rapidez, y eso la hacía especial. Casi siempre la decían que no era suerte sino porque era la que se iba a convertir en la mejor psicóloga.
Mientras ella seguía ensimismada en su red de pensamientos el timbre de la consulta sonó con aquel sonido que le recordaba tanto a la facultad. Ella desde muy pequeña había ido a un colegio privado y cuando llegó a la universidad fue la primera vez que vivió tener un timbre para dar fin a su clase. Fue a abrir la puerta de una manera un poco nerviosa, le pasaba eso cada vez que tenía un paciente nuevo porque vale, ella era la profesional y la que tenía que analizar al paciente pero esa persona también la acababa analizando de una manera o de otra.
Nada más abrir la puerta se quedó en shock, la persona que tenía delante era nada más y nada menos que Alberto González su antiguo compañero de carrera al que odiaba a muerte y al que hacia que no veía desde el segundo año de carrera, cuando la dejo.
-¿Albert?
-Me esperaba un saludo un poco más cariñoso, tal vez un abrazo o...
-Tengo cosas más importantes que hacer.-contestó con una mueca de asco muy característica en ella.-Así que si puedes decirme porque has venido... Y como me digas que a saludar te mato.
-Oye, ni que yo tuviese ganas de verte, siempre me caíste mal.
-¿Y entonces?
-Un amigo me recomendó venir, pero lo último que esperaba era verte, si lo hubiese sabido, no habría venido.
-Tan mala no soy.
-Lo mismo digo.- mientras hablaba se le escapó una pequeña sonrisita canalla que hizo que Ángela se pusiese de los nervios.
-Puff. No te soporto. ¿Pasamos y me cuentas el porqué me recomendó tu amigo, cuál es esa razón misteriosa por la qué necesitas una psicóloga?
-¿No deberías tratar a tus pacientes con más amabilidad y respeto?
-Tú eres la excepción en la regla.
-Tú siempre tan bien hablada.
-Tú siempre tan capullo.-dije entre diente mientras me sentaba en una silla a un lado de una mesa de madera que estaba en mi consulta.-Sienta te por favor. ¿Cómo estás?
Me miro con el ceño fruncido por unos segundos y después se relajó en la silla en la que se había sentado momentos antes.
-Si quieres jugar, juguemos.-murmuró entre dientes para que no le escuchara cosa que no surgió mucho efecto.-Mi mejor amigo apareció muerto hace unos días en la ladera de un acantilado. Todo el mundo pensó y piensa que se suicidó, pero ¿adivina? Yo pienso que lo asesinaron.- se le entre corto la voz mientras decía aquellas palabras. Se notaba que le estaba afectado bastante y por como gesticulaba podía notarse que era una situación que le provocaba bastante estrés y ansiedad.
-Vale. Por qué no me cuentas mejor como fue el día que falleció tu amigo para ti. ¿Qué habías hecho antes? ¿Cómo te enteraste? Y cosas así.
Alberto se levanto desesperado.
-¿Qué tiene que ver que hice o que no hice yo ese día o el como me enteré? La cuestión es que Alajandro era la persona con más alegría y vida en el cuerpo que he conocido y no me creo ni un poco que él pudiese llegar a suicidarse. Lo que creo es que hay un asesino suelto por ahí y que hace tres días asesino a sangre fría a mi mejor amigo.- Alberto había empezado a gritar nada más comenzar la primera frase y Ángela había notado que los ojos le estaban empezando a lagrimear.- La cuestión es si me vas a ayudar o no a descubrir quien es el hijo de la gran puta que a cometido este asesinato.
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Un tal vez y varios quehaceres
Mystery / ThrillerÁngela es un psicóloga muy bien remunerada, a la que le encanta su trabajo, pero tiene un sueño frustrado de su adolescencia que nunca llegó a cumplir. Escribir un libro. Mientras Ángela está bloqueada con la trama de su historia un nuevo paciente l...
