Los monstruos son reales, los fantasmas son reales también, viven dentro de nosotros y a veces, ellos ganan
Stephen King
⋅•⋅⊰∙∘☽🧟♀️🖌️☾∘∙⊱⋅•⋅
Todo comenzó la noche que la soñé. Buscaba inspiración en lo profundo de mis muertas pesadillas y hallé vida en un rostro peculiar, oculta en las sombras de mi cuarto, vestida con el negro de las cortinas su reflejo se difuminó en el aire que entró por la ventana. Esperaba verla en la fase REM de mi profundo desahogo artístico, que viniese de nuevo a por mí. Pero esa noche la ventana no volvió a soplar, así que comencé a dibujarle como una señal de nostalgia, esperando invocar su interés con la eutanasia de un vago brochazo en el lienzo.
¿Dónde has ido? Si buscabais una víctima me tenías a tus pies. Dejo su delicado retrato incompleto cerca del espejo para atraparle, busco en la fría brisa de su interés el auxilio de mis marchitas emociones. Y así me voy a dormir con la fe apagada de una vela al borde de la cuadrada entrada a mi mundo, esa que dejé abierta para ti anochecer tras anochecer.
Ups! Gambar ini tidak mengikuti Pedoman Konten kami. Untuk melanjutkan publikasi, hapuslah gambar ini atau unggah gambar lain.
Sabías que después de todas las molestias no podías simplemente desaparecer y volviste a visitarme. Esta vez soplaste mi vela y rasgaste el vidrio, no soportaste que no te esperara, hubiera sido mejor dedicarte mis desvelos, pero el insomnio me había pasado la cuenta cuando me desayunaba los días imaginándote atravesar la pintura. Sentí la incomodidad de tu ser en mis piernas y abrí los ojos.
—Hoy te ves distinta. Te pesa una oscura línea debajo de los ojos. ¿Acaso no descansas bien bajo la tierra húmeda del lago?
Sí, me dediqué a encontrarte, sabía que nuestra cita no era coincidencia, he traído tus huesos a mi habitación, algo me dice que esta noche tendré mucho tiempo para pintarte.
Me hiciste un favor y entraste al espejo, te quedaste allí siguiéndome con la mirada el resto de la velada. Te observé mejor esta vez, le puse especial esfuerzo a tus ojos, estaban vacíos, blancos, desteñidos; pero yo quería que pudieses verme, te di un hermoso color café con leche porque así me los imaginé, deseaba que observaras el mundo en el mismo tono que yo. En ese momento lograste ver a tu admirador y te detuviste a evaluar el retrato a medias que construía para ti.
—¿Te gusta? —pregunté al reflejo de tu alma y vos sonreísteis en esa ocasión.
Recuerdo que escapaste de la prisión y dejaste que mi reflejo se visualizara de nuevo en el espejo, y allí estabas tú detrás mío dejándome saborear el aroma a manzana podrida de tus descoloridos labios. Me atravesaste y quedaste mirando tu pintura, supe entonces que faltaba un detalle y allí fue cuando me mostraste la cicatriz en tu cuello.