La vista detrás del vidrio era fría, para la gran mayoría de las personas era una noche agradable y para otros algo peligrosa y asfixiante, mi vista pasaba desde la pantalla de mi teléfono que estaba entre mis manos a las personas que estaban dentro del restaurante comiendo.
En ese justo momento por mi mente pasaba todos los momentos de mi vida junto a esa persona, con el corazón en la garganta y los nervios en la punta de mis manos sudorosas decidí abrir la puerta del vehículo en donde estaba.
Cada paso los daba con dudas, quería seguir intentándolo y todo por el bien de mis hijos. Me detuve con la mano recargada en la manilla de la puerta del restaurante, él sonreía alegre como solía hacerlo antes ¿Qué fue lo que cambio?¿Qué hice para que no lo siguiera haciendo?¿Cometí algún error?. Innumerables preguntas pasaban por mi cabeza en ese preciso instante y ninguna sin respuestas.
—No estas sola Briana —la voz de uno de mis guarda-espalda de confianza me atrajo a la realidad.
Hombros atrás, rostro levantado, mirada fría y veneno en la punta de la legua. Era lo que necesitaba para entrar y poner todo a su fin, me sorprendía mi desenvolvimiento a la hora de actuar y la seguridad que tenia cuando entraba en papel.
Sus ojos se abrieron con gran asombro cuando llegue al borde de la mesa en donde se encontraba, mis guarda-espaldas se situaron en sus respectivos puestos, dos detrás de ellos y uno detrás de mi.
—Briana, ¿Qué haces aquí? —fueron sus simples palabras. no hubo un amor o cariño al principio de estas.
Solo me limite a soltar una pequeña sonrisa y servir vino en una copa, algunas miradas se posaban en nuestra mesa, ya que él y yo éramos unas personas reconocidas en la industria del entretenimiento, pero no me importaba aunque seria un poco discreta. O talvez no.
—Vine a cenar con ustedes y conocer a mi socia —tome un pequeño sorbo de la copa— ¿O no se me tiene permitido cariño?
Su mandíbula se apretó a mas no poder, odie ese gesto de él ya que sus rasgos se definían mas. sus ojos se posaban en los míos advirtiéndome, mientras que los míos solo reflejaban frialdad y desagrado hacia ellos dos.
—Déjate de tonterías y hablemos en la casa —su mano se dirigía hacia mi persona mientras intentaban de levantarse, pero mis guarda-espaldas no se lo permitieron.
—Tres preguntas, contesta ella —otro sorbo a la copa— ¿Desde cuando están juntos?.
Titubeo con la mirada puesta al plato del cual comía, al parecer no tenia ánimos de responder a mis preguntas.
—Tranquila cariño, que no muerdo —insinué— por lo menos no como él.
Se tomo sus segundos para articular la respuesta.
—Casi siete meses. —dijo bajando la mirada. mi mandíbula se prenso.
—¿Sabias de mi existencia?.
—Al principió me dijo que solo eran colaboraciones de empresas, me entere de la verdad tres meses después. —seguía sin levantar la vista.
—Es chistoso, aunque no me sorprende sus mentiras, ¿Cuántas veces lo hicieron? —vacié el contenido de la copa para soportar la verdad.
Ella levantó la vista mientras apretaba sus finos labios buscando la respuesta.
—Eso no te incumbe, Briana.
Su voz sonó ronca y fría, su vista todavía seguía posada en mi mientras que la mía en ella, solté una sonora carcajada para disimular el enojo.
Varios ojos voltearon a ver nuestra mesa, pero eso no detuvo lo que pretendía hacer después de decir lo que quería dejar en claro.
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Vivir sin ti.
Teen FictionSi nos ponemos a pensar el corazón solo bombea sangre, pero ¿Por que el dolor en el pecho? ese pequeño dolor que nos destruye y nos pone a pensar que fue lo que hicimos mal para que pasara eso. Esos pensamientos que nos inundan la cabeza al pregun...
