Se había hecho una costumbre nuestros paseos por la playa. Salgamos o no salgamos siempre terminábamos en la playa, algunas veces sólo decíamos algunas palabras, otras no podíamos cerrar nuestras bocas. Todo era tan natural, nada era incómodo.
Parecía que nos conocíamos hace años.
Estaba sentado frente a mí, sólo la luna iluminaba su hermoso rostro, ese rostro que se volvía cada vez más perfecto, cada día encontraba otro detalle que me hacía sentir más. Tomó mis manos sin dejar de mirarme y comenzó a acariciarlas, hice lo mismo y una guerra de caricias comenzó entre ellas.
-Es raro ¿no?-dije sin soltarlo.
-¿Qué?
-Como la luz de la luna ilumina todo-seguí-como hace que todo sea hermoso-no dejaba de mirarlo, una sonrisa apareció en su rostro, esa sonrisa que removía cada célula de mi anatomía.
Seguimos en silencio, mirándonos, explorándonos. No pude evitarlo y mis manos se dirigieron a su rostro acercándome más a él, necesitaba tocar cada centímetro de su hermosa piel, cada pequeño lunar que se encontraba en ella, él cerro lo ojos ante mis caricias, se lo veía tan sereno, tan hermoso. Estábamos en un trance del cual no queríamos salir, mis manos pasaban por su frente, bordeando sus ojos, pasando por cada centímetro de su rostro. Tomó mis manos y las retiró lentamente de su rostro, para luego acomodarse en la arena poniendo su cabeza en mis piernas. Tomó mis manos nuevamente y las puso en su cabeza, sin pensarlo mucho mis manos se adentraron en su oscuro cabello, comencé a jugar con él, acariciando cada mechón. Él parecía disfrutar de mis caricias, una sonrisa en su rostro me demostraba eso.
Anne seguía hablando de él y de lo imposible que estaba siendo todo. Yo estaba cansada, quería dejar de escucharla. Sé que había sido una decisión mía, pero él no había hecho nada que le demostrara que no había posibilidades.
Hoy era un mal día, por ahora lo iba llevando bien, no se trataba sobre la extraña relación de mi mejor amiga y el chico que no salía de mi mente, era algo más profundo. Era una fecha que odiaba. Un año se cumplía de la partida de mi padre y nada de lo que hoy podrían decirme me animaría. Mis amigas entendieron cuando les dije que no quería salir, que prefería ir a la playa, y no me hablaron mucho del tema. Lo prefería así, me costaba hablar ese tema con cualquier persona. Un año había pasado y yo todavía no lo aceptaba. Lo que menos quería hoy era ver a Anne tirársele a Zayn, lo que menos quería era verlo a él, aunque sabía que era sólo por hoy.
Las chicas se fueron y yo fui directo a la playa, minutos antes le había respondido un mensaje a Zayn diciéndole que iría a la noche, era mejor que piense en eso. Sé que le había prometido que nunca iría sola pero lo necesitaba y no quería arruinar su noche.
Me senté en la playa a unos metros del mar, apoyé mis brazos en mis rodillas para poder acomodar mi cabeza sobre ellas. Necesitaba ver el mar, necesitaba sentir la brisa. Odiaba este día, ese maldito día en el cual mi padre se fue. Lo extrañaba, era muy joven y nunca hubiese imaginado ese final. No podía comprender como haría para vivir sin él el resto de mi vida, un año había sido difícil, no quería imaginar más tiempo. El dolor en mi pecho era increíble, como si el tiempo no hubiese pasado, como si sólo ayer hubiese sido toda esa pesadilla.
-¡Micaela!-un grito me sacó de mis pensamientos, sequé mis lágrimas rápidamente y me giré para ver quién era, sin lugar a dudas era él. Se lo veía enojado caminando rápidamente hacia mí, me paré para enfrentarlo-¡Lo prometiste Micaela!-dijo frente a mí.
-¿De qué hablas?-pregunté confundida.
-Prometiste que no vendrías sola-seguía enojado- ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué demonios viniste sola?-el volumen de su voz era alto pero no llegaba a ser un grito.
-No debo darte explicaciones-dije con algo de bronca, ¿por qué no iba a divertirse con Ann y dejaba de molestarme? Lo único que me faltaba era que venga a hacerme estos planteos. Okey yo había prometido no venir sola pero él no tenía ningún tipo de derecho de tratarme así.
-Hiciste una promesa-me interrumpió-Anne me dijo que ibas a venir aquí sola-siguió-me dijiste que vendrías con nosotros.
-Te mentí-grité-no quería ir, no tenía ganas de verte con Anne-confesé.
-¡Que mierda me importa!-gritó él-eso no te da derecho a romper tu promesa.
-Rompo lo que quiero-seguí, parecíamos locos gritándonos en medio de la playa, suerte que nadie estaba allí.
-No Micaela, no puedes venir sola-sentenció, como si estuviese diciendo la verdad más verdadera-No me interesan tus excusas-sentí una punzada en mi pecho, eso había dolido, había venido aquí porque no quería verlo, porque no quería que mi día empeorara más de lo que estaba, si era posible.
-¿Y tú qué sabes?-grité-no tienes idea qué pasa por mi cabeza, no tienes idea por qué hoy estoy aquí-no podía dejar de gritarle-por qué estoy sola, no todo gira alrededor tuyo Zayn-quedó estático lo miré por unos segundos y giré sobre mis pies. Caminé hasta la orilla y hundí mis pies en la arena, el agua tocaba mis pies y ayudaba a relajarme. Tenía los nervios de punta. Las lágrimas comenzaron a brotar y no pude detenerlas, sentía temblar mi cuerpo de los nervios. Algunos minutos pasaron y no sabía cómo me mantenía en pie. Unos brazos me sorprendieron por atrás, sentí su cuerpo detrás del mío, su calor me envolvió. Deslizó lentamente sus brazos por los míos abrazándome, apoyó dulcemente su mentón en mi hombro y me presionó contra él. Sentí su pecho en mi espalda y todo en mí se relajó, su respiración en mi oído era como un sedante para mi organismo. No me negaría, necesitaba ese abrazo. Necesitaba sentir su cuerpo junto al mío.
-Lo siento-susurró en mi oído haciendo que cada vello de mi anatomía se erizara, tomé sus manos y me envolví más con ellas-Simplemente me preocupé, cuando Anne me dijo dónde estabas me desesperé-explicó- ¿Me perdonas?- asentí con la cabeza, no podía evitarlo siempre lo perdonaría, besó dulcemente mi cuello y creí morir, sentir sus húmedos labios en aquella zona me aceleraba el pulso, volvió apoyar su cabeza en mi hombro y nos quedamos unos minutos así, en silencio.
-Un año-dije y él levanto su cabeza para escucharme- Hace un año mi padre falleció-seguí-Hoy se cumple un año- y no pude evitar que una lágrima saliera de mi ojo, él me giro para ponerme frente a él, sus manos estaban en mi cintura manteniéndome junto a su cuerpo. Lentamente las movió para llegar a mis mejillas, barrió esa pequeña lagrima con su pulgar y se acercó para depositar un dulce beso en mi frente-No puedo entenderlo, ya pasó un año y todavía no lo comprendo-confesé.
-No es fácil-me dijo y lo miré extrañado ¿Cómo lo sabía?-Sé exactamente cómo te sientes.
-¿Cómo? ¿Tu?-lo miré extrañada, asintió con la cabeza.
-2 años-siguió- y sigo sin comprenderlo.
-¿Por qué pasa esto? –Le pregunté y las lágrimas volvieron-¿Por qué?-lo abracé por la cintura y me hundí en su pecho para ahogar las lágrimas que salían.
-No lo sé Mica-susurró presionándome más contra su cuerpo para acariciar mi cabello tiernamente. Nos quedamos un rato así, yo respiraba su aroma, era una droga para mí-vamos-me dijo tomando mi mano para luego sentamos en la arena. Él se recostó y yo me acomodé a su lado, con su brazo me abrazó y me acercó más a él, me acomodé en su pecho y lo abracé lo más que pude. Podíamos quedarnos horas así, sin importar lo que pasara a nuestro alrededor. Él me acariciaba y yo lo dejaba. Acurrucada a su lado fui quedándome dormida sin notarlo.
Abrí los ojos lentamente y me sorprendí por estar así, por haberme quedado dormida. Levanté mi cabeza y lo vi, mirándome dulcemente.
-Despertaste-dijo con una sonrisa, el sol comenzaba a salir.
-¿Lo único que hiciste fue mirarme?-pregunté con una horrible voz ronca.
-Puede ser-rió.
-Comienzas a darme miedo-reí.
Saqué mi celular del bolsillo. Okey debía volver antes de que las chicas, o por lo menos no tan tarde.
-Debes volver ¿Verdad?
Asentí con la cabeza.
Llegué al departamento y mis amigas acababan de llegar. Me preguntaron cómo estaba y a donde había ido. Les conté todo, obviamente todo lo que pude. A Anne no se la veía bien pero preferí no preguntarle.
