'SANTA MARÍA' Y MI ARCHIENEMIGO

31 2 0
                                        

'SANTA MARÍA' Y MI ARCHIENEMIGO

Hubo un tiempo en que no sabía ni yo misma cual era mi nombre, y es que, me llaman Princesa porque era mi película favorita de pequeña. Es un poco desconcertante saber que hasta los cuatro años no hubiera recibido ningún nombre excepto el de cariño, amor, cielo o patatita. Todos adjetivos que mi madre antes de fallecer dejó como una losa ya que cuando iba a recogerme al parvulario, todos entendían que todos y cada uno aquellos adjetivos eran una manera de mofarse de mí, el mejor, fue la patatita. Y le hacía honor a mi heredada exacerbada gordura de mi padre. Es cierto que, muchas cosas se heredan de los padres, los ojos, la nariz, el cabello, las orejas o el carácter. Ninguna de esas cosas fue acuñadas a mi persona porque me parecía más a mi madre con el cuerpo de mi padre; que para qué negarlo, era alto como los gigantes del Carnestoltes. Bueno, si conoces la capital catalana de Barcelona sabrás de ellos, y sí, son exageradamente altos, así que me estoy quedando un poco contigo, eso si lo he heredado de mi padre: La capacidad de magnificar todo cuanto hay a mi alrededor y sobre mi persona.

Como iba diciendo, los apodos, deberían ser un modo de hacer notable el cariño, pero lo de patatita hizo que sintiera complejo de cara llena como una luna, solo que yo era una niña mestiza y con unos ojos muy grandes que con el tiempo se han ido volviendo alicaídos debido a la miopía. El caso es que estaba deseando ir a primaria, no sabía muy bien qué ocurriría, pero lo deseaba con todas mis fuerzas, los comentarios hirientes de los niños no los esperé cuando al presentarme decir que efectivamente, me llamaba Princesa y a decir verdad no conocía otra cosa que no fuera ese nombre, después del gran final. Mis compañeros se quedaron estupefactos.

«¿Cómo, pero ese es tu nombre real?» «Ahora dinos el de verdad, por favor» junto con las risitas y los ojos ojipláticos de algunos o la gran mayoría. Yo sacaba pecho, pero al descubrir que a nadie le era suficiente, me cambiaron el nombre a uno más popular, ¿qué os parece María? Me pase todos los trimestres corrigiendo a todos, en mi convencimiento de que así me llamarían por mi nombre, pero no. El momento estelar fue cuando en la función me tocó hacer de María en el pesebre navideño ganándome el sobrenombre de 'María la Santa'. Y era porque no me metía en líos, no enredaba, sacaba buenas notas y todos me pedían los apuntes ya que tenía una letra muy bonita, aseguraban los profesores. El encanto duró poco, se acercaba el cambio de curso y lastimosamente entrabamos en el nuevo sistema que para algunos era mejor y más fácil. Yo ansiaba ser más mayor para que se dieran cuenta por fin, fuera por madurez de que estaba aquí, y no era ni María ni la Santa María. ¡Y PATAPUM! ¡Me crecieron las tetas!

La adolescencia fue todo menos agradable. A las reiteras bromas sobre el nuevo sistema '¿Y qué es eso de la E.S.O?' durante los últimos dos meses lectivos, rogué y supliqué a mi padre que me llevara a un internado de niñas. En mi mente, ya era consciente de que los chicos harían burlas y trastadas. Así que ese verano a parte rogar todos los días, busqué la manera de disimular aquellos bultos que hiciera lo que hiciera sobresalían como peras y supe lo que era las peras porque la vecina del primero, se lo dijo a su hija a la que a temprana edad también sufrió la temible vergüenza de 'Hacerse mujer'. Así que las dos nos hicimos inseparables y ese verano descubrimos que las camisetas anchas eran nuestras aliadas cuando surgió el Funky, en España, el hip hop, o el r&b, la fiebre fue tan alta por aquella música que se convirtió en nuestro estilismo preferido: Camiseta ancha, pantalones anchos, gorra y botas o deportivas. A poder ser para toda la vida por favor. Sí, me hubiera gustado que esta moda hubiera durado más y que no nos hubieran arrebatado la curiosidad cuando surgió el Pop y Britney Spears apareció con un minúsculo top y unos pantalones anchos. Pero teníamos algo a favor, al ser tan delgada aparentaba nuestra edad por lo que los pezones cómo conos de tráfico o como peras, pasó a la historia cuando le robamos a la hermana mayor de la vecina aquellos tops hiperajustadísimos. Todas queríamos ser Britney, tener su estilismo, y su entereza, mientras, yo soñaba con cantar cómo ella. Pero eso, es otra historia. Lo que realmente cambio nuestra forma de ser y actuar fueron los guaperas de capa y rubios, si por casualidad os suenan Blue, Backstreet Boys o recordáis al guaperas Spin lean. A todas les pirraba Nick Carter, alguna que otra otros integrantes de grupos poperos, muy románticos, por cierto, dispuestos a hacernos corear todas sus canciones y a forrar las carpetas con sus caras o... ¡QUÉ DIABLOS! CON SUS CUERPOS. Ay! A mi el que me gustaba de verdad era Spin lean, macarra y con alma solitaria y lleno de una película de pena que ahora lo pienso y es el reflejo de lo que mi corazón suspiró por aquel chico moreno alto con el cabello alborotado que me rechazó pero que aseguraba que, 'no estaba mal'.

Santa María y Mi archienemigoStories to obsess over. Discover now