El gatito y el hombre

157 4 2
                                        

El hombre está en una extraña silla, ésta tiene unas ruedas grandes y desde allí se estira para alcanzarme, nunca ha intentado golpearme, me llama con un sonido grave y fuerte y me acaricia.  Cuando lo escucho entro corriendo a su casa porque me da algo de comida, a veces un pedazo de carne, otras un hueso de pollo, me ha bajado hasta el suelo su pocillo con aguapanela con leche e incluso me ha dado algo dulce y gelatinoso que no me como.

El hombre no es como las demás personas, no habla como ellos y tampoco me trata como ellos; en su casa también hay una muchacha y una señora que gritan sorprendidas cuando me ven con el hombre.

Al principio sólo entro de pasada, me quedo un momento, me alimento de lo que me da y le acompaño un rato; a veces me aburre su televisor, pues sólo hay fútbol y deportes, pero algunas veces me quedo más tiempo porque en la ventana hay unas lagartijas que llaman mi atención.

Después de unos días, encuentro comidita para mí, me han puesto una tapita llenita de comida, me relamo y vuelvo a comer, nunca había tenido tanta comida sólo para mí.  Así que empiezo a madrugar todos los días a la casa del hombre, cuando tardan en abrir la puerta me subo a la maceta que está junto a la ventana, maullo con fuerza (¡Miauuuuu!) y aparece la señora, me pone más comida en el cuenco y yo como con ansias.  Todos los días voy a la casa del hombre en la mañana y en la tarde, pero cuando cae el sol salgo a mis andadas.

Está oscuro y me ha cogido un aguacero, llego a la casa del hombre e intento maullar por la ventana y cuando la cortina se abre allí está el hombre con su partido de fútbol y la muchacha, se miran el uno al otro como preguntándose qué hacer, el hombre no habla, así que hace un gesto que entiendo que es algo como " tú verás" y la chica me abre la puerta, esa noche fue la primera de mi vida que dormí al calor de un hogar.

En la casa del hombre me llaman Bonito, una palabra rara para un gato como yo, pero he notado que es la única palabra que le sale clara al hombre; yo no tenía nombre, siempre me gritan en la calle cosas como "¡ese gato callejero! o ¡Quítate de aquí!" pero ahora me llamo Bonito.

El hombre siempre está sentado en su extraña silla; cuando no está frente al tele en el día, lo sacan en su silla al andén para tomar el sol, desde allí siento cuando llega la muchacha en un aparato con un sonido fuerte y rodando en dos llantas gigantes, pero no me preocupo, ella también ha cuidado de mí.  Pero antes de que llegue la noche me voy, debo responder a mis ansias e instintos más profundos.

Hace días no he vuelto a la casa del hombre, me he entretenido con unos amigos, truhanes como yo, se han burlado un poco de mi porque a veces cazo, pero no me como a mis presas, y es que no he sentido ganas, pero eso sí, nos hemos peleado por las gatas, nos hemos mordido y arañado.  Cuando por fin regreso me muero del hambre, no me ha ido muy bien con mis amigos, además me duele terriblemente una pata, espero que amanezca y estoy atento a la puerta, cuando la abren y me ven se hace un escándalo; la señora grita, la muchacha viene corriendo y me llenan mi tapita de comida.

La muchacha me ha dado una caricia, al principio me asusté, pero me ha gustado; luego examina mi pata, me duele mucho, por lo que camino muy despacio, casi arrastrándome y fue muy difícil subirme al mueble; no me siento capaz de escapar de un ataque sorpresa, me siento indefenso, pero ya no estoy sólo.

De pronto noto un comportamiento diferente en la señora y la muchacha, han cerrado todas las puertas mientras estoy dentro de la casa, el hombre tampoco entiende lo que pasa, porque grita desesperado y la chica le dice que no se pueden abrir para que Bonito no salga, así que me alarmo más,  busco donde esconderme, estoy bajo una cama y allí me alcanzan las manos de otro hombre que me atrapan y siento un pinchazo, lucho, pero no me vuelvo a dar cuenta de nada.

Cuando despierto tengo mucha hambre, sed y me duele un poco debajo de mi colita, pero ya no me duele la pata, me han dejado comida así que la devoro,  en seguida salto muy alto y escapo del patio, el hombre ya está durmiendo, paso a través de su habitación y espero, cuando viene la muchacha trata de acariciarme pero ya no confío en ella, me observa por un rato y por fin abre la puerta que da al exterior, corro sin mirar atrás.

Los días han sido buenos, diferentes, pero buenos, después de aquel día vivo más tranquilo, ya mis andadas han mermado, no tengo ganas de ir en busca de aventuras, ahora mi casa es mi aventura, la señora me ha puesto algo acolchadito en una silla y han dicho que esa es mi camita, así que paso horas y horas descansando sin temor a nada, espero pacientemente a que la muchacha llegue todos los días para que me acaricie un buen rato.

Hoy duermo tranquilo en mi cama, el hombre ya no está, sólo ha quedado su silla con dos ruedas en un rincón de la casa y su olor se fue con él.

CUENTOSTempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang