Capítulo 1
Shoreham Hotel
Conocí a Gal poco después de que mi novio y yo nos separásemos. Luego de algunos problemas que estoy segura de que no son muy diferentes a los que las parejas enfrentan asiduamente, mi vida estaba por dar un giro inesperado. Mirándolo en retrospectiva, tengo la sensación de que había terminado un capítulo en el que mis días eran rutinarios y monótonos -aunque también tranquilos- para dar paso al capítulo en el que aparece ese otro personaje que descoloca y saca de su zona de confort a la protagonista, lanzándola en dirección a eventos inesperados que aportarán y quitarán lo necesario para dar lugar a un cambio de estado. A veces, no sabemos que necesitamos cambiar de estado y, a menudo, nos damos cuenta del frenesí durante la transición de fase. Pronto me embarcaría en un viaje que marcaría un antes y un después en mi vida. Pronto atravesaría todos los cambios químicos posibles, me evaporaría, me fusionaría, me condensaría. Mi composición seguiría siendo la misma, pero las experiencias nutren y a veces, no hay vuelta atrás. Pronto, todo daría un giro, pero yo todavía no lo sabía.
Antes de eso, solía fantasear seguido con viajar, vivir experiencias extraordinarias y subirme en una camioneta a recorrer el mundo cual Alexander Supertramp en Into the Wild. Gal es el arquetipo del hombre que vive como un nómade, hippie en cada célula de su cuerpo, que se pasó su infancia y adolescencia cambiando de ciudad continuamente y con muchísimos problemas familiares. Me enteré de su existencia cuando mi amiga Mary me habló de un tipo relajado que iba a su clase de literatura, practicaba natación y leía sin parar a Nietzsche. Su personalidad me intrigó desde el momento en que ella me lo describió, aunque en ese instante no fui consciente de eso. En cierta ocasión, Mary lo invitó a su fiesta de cumpleaños, pero él no apareció porque, al parecer, había caído en una correccional de jóvenes ya que le habían sorprendido robando una estación de servicio -en varias oportunidades-.
Un día después de mi cumpleaños número veinticuatro, estaba con Mary y otro alumno llamado Paul, amigos que me había hecho cuando estudiaba en la universidad, y mencionaron que Gal había salido del reformatorio y estaba en Nueva York. Era oriundo de Chicago, donde vivía solo desde que sus padres se habían ido de la ciudad, por lo que ahora estaba hospedado en el Shoreham Hotel en el centro de Manhattan.
Fui al Shoreham ese mismo día, junto con Mary, Paul y otros estudiantes, y Gal apareció en la puerta del hotel. En el instante en que le vi sentí dos cosas de manera inequívoca: que era muy bueno en el sexo y muy malo en la cocina. Era apuesto, rubio, alto y con brazos anchos. También se notaba que maldecía aparentemente seguido y no dejaba de esbozar una sonrisa de costado cada vez que quería aparentar que estaba escuchando lo que le decían. Se parecía un poco a un héroe, despreocupado y algo gángster. Una curiosa combinación.
Esa misma noche todos bebimos cerveza y bailamos hasta el amanecer una música funk mezclada con un electro repetitivo que te volaba los sesos. En un momento en que todos estaban poco lúcidos, decidí marcharme. Pude notar que Gal no había reparado en mi en ningún momento de la noche.
Una semana después descubrí que mi intuición no había sido cierta, ya que Gal mencionó a Mary que yo le había generado una buena impresión y que, como era aficionada a la literatura, deseaba juntarse conmigo porque estaba buscando escribir un libro y hablar con alguien a quien le interesara mucho leer. Mi sorpresa fue superlativa. En aquel momento yo alquilaba un departamento en Nueva Jersey. Vivía sola, leía, escribía hasta altas horas de la noche y comía pizza en exceso. Una noche, mientras estaba enfrascada en un intento de novela, terminando una porción de pizza margarita y una lata de cerveza, alguien llamó a la puerta y ahí estaba él, haciendo obsequiosas reverencias algo cómicas en la penumbra.
-Hola, Zoe. Me han hablado de ti y es un honor poder conocer a una joven intelectual con quien pueda intercambiar ideas sobre si Dios ha o no muerto. - Y volvió a hacer ese gesto con las comisuras ligeramente ladeadas hacia un costado, dejando ver su sonrisa blanca y algo macabra.
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Amar Siempre
Random"Amar siempre" es un diario de viaje, y un diario de vida. Es el diario que escribe Zoe, una joven escritora oriunda de Argentina que vive en Estados Unidos y emprende un viaje hacia la costa del Pacífico, donde se pone más en juego de lo que ella c...
