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Decreto 2/1869, de la Junta Reguladora del Vampirismo, por el que se establece el código ético de los renacidos.

Artículo 2.

1. Los renacidos cazarán exclusivamente a víctimas clasificadas como indeseables con el fin de alimentarse.

2. Se considerará como indeseable a todo aquel ser humano que haya causado algún perjuicio a la sociedad.

3. La Junta, con la colaboración del Consejo de los Renacidos, vigilará que las muertes causadas por renacidos realmente supongan un beneficio para la nación.

 La Junta, con la colaboración del Consejo de los Renacidos, vigilará que las muertes causadas por renacidos realmente supongan un beneficio para la nación

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Nadie entraba al Storyville por equivocación. El barrio era bien conocido en todo el sur de los Estados Unidos y parte del norte, pero no por buenos motivos. En sus treinta y ocho manzanas de extensión cabían todo tipo de vicios y perversiones. La mayor parte de ellas eran legales únicamente a lo largo y ancho de sus calles, pero otras tantas no llegaban a ese estatus. Se practicaban en la clandestinidad, rompiendo todo tipo de regla moral con total impunidad.

Claude, quien frecuentaba el Storyville cada sábado, conocía muy bien cuáles eran las prácticas más sórdidas existentes en el suburbio. Especialmente aquellas que cruzaban el límite de la absoluta miseria humana.

—¡Tenemos a mujeres espectaculares, blancas y negras! ¡Cantan, bailan y hacen hasta lo que no se pueden imaginar! ¡Tragos de absenta a menos de cuarenta y cinco centavos! ¡Pasen, vean y disfruten del mejor salón de Louisiana!

—¡...apuestas, blackjack, ruleta! ¡Vengan a doblar su sueldo en nuestro salón y les regalamos un trago!

Claude estaba más que acostumbrado a los gritos, la ingente cantidad de prostitutas que se agolpaban en los balcones de hierro forjado, en las calles y los interiores, a los borrachos y sus peleas.

Para Eugene, sin embargo, todo era nuevo. Se notaba en la manera en la que lo miraba todo, en su boca entreabierta, en sus movimientos agitados. Demasiados estímulos para alguien que parecía más muerto que vivo.

—Parece que no hayas visto a una mujer en calzones en tu vida, chico... ¿o es otra cosa la que te está poniendo cachondo?

Eugene despegó sus labios resecos para contestar, pero sintió un calor intenso en su brazo. Venía de unas manos que le agarraron, pertenecientes a una prostituta que podría tener la edad de su madre... o de su abuela.

—Hola, mi amor, ¿tienes ganas de pasar un buen rato conmigo?

La boca del muchacho se llenó de saliva y tuvo que hacer un esfuerzo titánico para controlar sus impulsos. No estaba interesado en el sexo femenino y aún menos en esa mujer, pero irónicamente jamás había sentido tanto deseo como en ese momento. Miró a Claude con cara de espanto.

—No tiene nada mejor que hacer el muchacho que desvirgarse contigo.

Claude sonrió de lado. Eugene se hubiese ruborizado si no fuera porque su piel, pálida, cetrina y enfermiza, no era capaz de tomar ningún color más allá de sus ojeras amoratadas.

IndeseablesWhere stories live. Discover now